Corea del Sur se unió ayer a Estados Unidos y Japón en sus condenas a Corea del Norte y exigió al régimen comunista que abandone sus planes de realizar una prueba nuclear de consecuencias imprevisibles para la seguridad en el este de Asia. El presidente surcoreano, Roh Moo-hyun, dio instrucciones a su Gabinete para que aborde «con la cabeza fría, pero con firmeza» la crisis desatada el martes cuando el Estado comunista anunció que detonará una de sus armas nucleares «en un futuro» aún por determinar.
Roh ordenó fortalecer la alerta en Corea del Sur, aunque, según la agencia de noticias Yonhap, que citó fuentes militares, las tropas están en un nivel ‘‘Watchcon 3’’ de vigilancia y un ‘‘Watchcon 4’’ de preparación defensiva, es decir, predomina la cautela, pero no se ha declarado la alarma máxima. Corea del Norte informó el 10 de febrero del año pasado de que se haya en posesión de armas atómicas y el pasado martes, por primera vez, anunció que probará una de esas bombas para aumentar su capacidad de disuasión bélica ante la «hostilidad» de Washington.
«La amenaza de Estados Unidos de desatar una guerra nu-clear, junto con las sanciones y presiones (impuestas por Washington), obligan a la República Democrática Popular a realizar un test nuclear, proceso esencial para desarrollar la disuasión atómica como medida de defensa», dijo el Ministerio de Exteriores del Norte. En su reacción de ayer, el Gobierno surcoreano subrayó que «nunca será aceptable que Corea del Norte posea armas nucleares» y urgió a Pyongyang a «renunciar inmediatamente» a su plan de explosionar una de esas bombas.
En una reunión del Comité de Exteriores de la Asamblea Nacional (Parlamento), el ministro de Unificación surcoreano, Lee Jong-seok, reconoció que, aunque no hay signos de un inminente test atómico, Corea del Norte cumplirá su amenaza y llevará a cabo esa prueba, si no se reanuda el diálogo multilateral sobre su desarme nuclear. «Ese comunicado está dirigido a presionar a Estados Unidos para que cambie su postura», explicó Lee, en referencia a las sanciones financieras impuestas por Washington al régimen de Pyongyang y que son para el Estado comunista el principal obstáculo para la reanudación del proceso de diálogo con la comunidad internacional. |