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Un muchacho en bicicleta pasa por delante de unas pintadas en favor de ETA y de Batasuna. Archivo |
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Einstein y Euskal Herri
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Miguel Ángel Múgica
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Discurre, que algo queda. Se ha convertido "el problema vasco" en el problema por antonomasia. No es oportuno ni provechoso rastrear en los detalles de un itinerario mental escandalosamente confuso, artificial y opaco. Por desgracia, no adelantaremos nada echando mano de las herramientas convencionales. Lo fantasmagórico sustituye a lo racional. El miedo a cortar por lo sano se propaga por doquier. Las penumbras extienden su intimidatorio y execrable poderío. Todo esto me ha tocado padecerlo a regañadientes, pues dentro de mí la identidad vasca proporciona los materiales básicos de una identidad planetaria. Y esas interminables pugnas entre las identidades vasca y española jamás han logrado hacerme vibrar.
Sostengo la tesis de que la solución contiene unos trazos tan sencillos y luminosos que dificultan el acercarse a ella si el punto de partida no es la extrema candidez. No me refiero a la candidez como ausencia de conocimiento de las dobleces diabólicas inscritas en los seres humanos. Por el contrario, aludo a una primigenia candidez como la de Einstein. A ver si me explico. Se toma un objeto y se piensa sobre él. Cuanta más información se va recogiendo, más se desdibuja el cuadro inicial. El fárrago prospera y desaparecen las claves con las que sujetábamos y describíamos el problema. Éste ya no es sino una caricatura de problema, un lodazal, un guirigay... Einstein se desembarazó de las partes accesorias del problema y logró rescatar su busilis. Entreguémonos a un ejercicio similar, olvidándonos provisionalmente de los conceptos jurídicos, a fin de disipar los roces superfluos entre las identidades vasca y española.
¿Puede fructificar un diálogo entre el Gobierno central y ETA? Desde tiempos inmemoriales, lo establecido se perpetúa mediante procedimientos más o menos legítimos. Incluso ahora no es oro, ni democracia de hecho, todo lo que reluce. Los gobernantes se permiten licencias. ¿Ejercen las personas de ciudadanos responsables o más bien abdican del derecho que les corresponde a participar en la cosa pública? No hemos avanzado tanto como se presume, pero tampoco rigen ya los frenos de tipo feudal. Estamos a medio camino; y se evoluciona mediante la autocrítica. Deben dar ejemplo de autocrítica los dignatarios gubernamentales. ¿Va a ser clasificada como retórica espuria la idea de que también la violencia estructural encuentra cobijo dentro del Estado español?
Pasemos a indagar en la otra cara del problema. Si la referencia irrenunciable de los etarras se circunscribe a la tribu, mostrarán la misma torpeza que ya han exhibido anteriormente al utilizar métodos inmorales. No basta con enarbolar la bandera de la patria. En todo caso, sufrimos los vascos multitud de injusticias. Lo curioso de la trayectoria de ETA es el camuflaje de su idiosincrasia. ETA es ubicua; tanto para quienes la apoyan como para sus detractores. ¡Formidable negocio el de transmutar lo humano en divino! Los símbolos proliferan y todo lo demás desaparece. La magia seduce y ampara al hechicero... y más tarde lo aniquila. Si se redimen los etarras, si abandonan sus pueriles y macabros juegos de magia, la tribu de los vascos aparecerá ante el mundo como una nación espléndida y hospitalaria.
¿Puede fructificar un diálogo entre los partidos políticos vascos? Lo inmóvil predispone a la decadencia y a la ruina. Cuando no se avanza, se retrocede. La vida empresarial y económica se sustenta en ese valor. Nadie osa cuestionarlo. Pero se prohíbe bajo amenazas muy severas propugnar la mejora del sistema constitucional español. En este ámbito se peca únicamente con pronunciarse sin remilgos. ¿Acaso alguien ignora que los textos legales dan testimonio del equilibrio de fuerzas inherente a la circunstancia en que surgieron? Pues la tozudez y el disimulo imperan. El estorbo de mayor magnitud para que pueda solucionarse "el problema vasco" no se sitúa en el tenor literal de la Constitución española, sino en las insuficiencias y en la molicie de los "políticos profesionales". Ahí falta rigor y atrevimiento. La idolatría de las escrituras sagradas también corrompe.
Quiérase o no, Euskal Herria y España seguirán siendo países vecinos. Las malas lenguas esgrimen sucedáneos de argumentos: los sacrificios de una parte los ganará la otra, no hay modo de ventilar la disputa sin el cómputo de perjuicios y pérdidas. Pero no debe concebirse el problema encajándolo sin más ni más en el modelo de una disputa. ¿Y si hubiera caudales energéticos hasta la fecha inexplorados? A buen seguro, remover el organigrama conducirá a un equilibrio de superior calidad; por tanto, ventajoso para ambas partes. Cuando se pone en marcha un proceso hacia la emancipación, simultáneamente se liberan espacios flexibles y polifacéticos. Las realidades dinámicas no anulan el sistema de símbolos estáticos, sino que lo complementan. En el lenguaje que viene al caso tal vez esto se corresponda con el desarrollo en ciernes de una teoría del federalismo plurinacional.
Encontraremos la salida de este túnel asfixiante precipitándonos de súbito fuera del guirigay. ¿Por quiénes y con quiénes hay que trabajar? Si acabásemos recayendo en las inercias, todos intuyen que se desvanecería la oportunidad vislumbrada más allá de los intereses y del ideario de cada uno. A pesar de ello, nadie le pone el cascabel al gato. El tiempo cósmico trota por su circuito cerrado ajeno a las esperanzas y a los dolores de nosotros, los humanos. El tiempo subjetivo, más estremecedor y a la vez moldeable que el otro, lo estamos desperdiciando. Llegará puntualmente la hora de la verdad, la de la apoteosis o la de los lamentos hipócritas. Yo he cumplido. Les emplazo a los líderes de cada sector social a sincerarse en público; sin la coraza protectora de la palabrería vacua, sin condenarnos a los demás a ser testigos mudos de riñas entre aspirantes a ostentar la jefatura. Que me respondan los líderes. ¿A qué se comprometen? ¿Por quiénes ansían trabajar? ¿Con quiénes ansían trabajar? |
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