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20-10-2006
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Gertaerak
«El fallo es no confiar en la capacidad de los pobres para dirigir su desarrollo»
Eve Crowley Consejera de la FAO
Aitziber Atxutegi Donostia
Conoce de cerca el hambre y la pobreza, que afectan hoy en día sobre todo a las personas que viven en zonas rurales. Para Eve Crowley la lucha contra esa miseria es, ante todo, «una obligación moral». Una lucha basada en un desarrollo rural sostenible en el que los propios afectados tomen parte.

¿Qué es un desarrollo rural sostenible?

Tiene tres aspectos. Por una parte, un desarrollo en términos de bienestar ambiental y de crecimiento económico por otra; lo necesitamos para poder resolver los problemas de pobreza y de hambre en este mundo. 854 millones de personas pasan hambre, 21 veces la población de España. La tercera parte es el desarrollo y el bienestar social y cultural. La gente no habla tanto de este aspecto, pero es muy importante.

¿En qué sentido?

Las zonas rurales, o al menos la mayor parte de su población no tienen acceso a servicios públicos y privados: educación, sanidad, agua potable, servicios financieros... Por otro lado, cuando existen esas diferencias hay también conflictos. El futuro necesita una estabilidad, un crecimiento y una atención a los aspectos sociales. Y no debemos olvidar los culturales.

¿A qué se refiere?

Desde la FAO hicimos un estudio sobre el impacto de las intervenciones de desarrollo en los sistemas de alimentación tradicional de las sociedades indígenas; se demostró que los cambios no repercuten sólo en lo que comen o en su salud, también en la lengua, en las instituciones tradicionales, el conocimiento, las tecnologías tradicionales... Si los cambios en los sistemas alimentarios de los pueblos indígenas se hacen sin control peligra su identidad cultural.

¿Se debe contar con ellos?

Hace falta una nueva forma de política participativa, una democracia participativa. La capacidad de los pobres de participar en las políticas que van a afectar sus vidas. ¿Sabe cuál es el principal fallo en el modelo actuar de desarrollo?

Dígame.

La falta de confianza en la capacidad de los pobres de las zonas rurales de dirigir su propio desarrollo. Cuando lanzamos una ayuda, muchas veces no la basamos en el conocimiento local, en las organizaciones locales. Son ellos quienes deben ser el motor principal de su desarrollo; la ayuda tiene que ir directamente a ellos y apoyar sus propias capacidades, sus propios objetivos.

¿Existe mucha desconfianza de ese tipo?

La mayor parte de la investigación, la ciencia, las nuevas tecnologías, resuelven los problemas tecnológicos de los ricos. Sin trabajar con personas en las zonas pobres, en otros sistemas agroecológicos y otros modos de conocimiento, es difícil crear soluciones que funcionen en esas zonas.

A efectos prácticos, ¿en qué se debe plasmar ese desarrollo sostenible?


Primero, es necesaria una reforma agraria, que supone tanto una distribución de la tierra como un mejor acceso a los servicios públicos. Los países en los que la distribución de la tierra es más o menos igualitaria, tiene unos niveles de crecimiento económico mucho más alto y hay menos conflictos.

¿En segundo lugar?

Debemos pensar mucho más en la gestión de empleo rural, buscar condiciones decentes de trabajo. Cada vez hay más gente sin tierra en este mundo que sobrevive con trabajos informales; si no creamos nuevas y mejores condiciones de empleo rural, jamás vamos a poder resolver la problemática de la pobreza.

En un mundo global cada vez hay más redes internacionales con más poder cada vez...

Aunque un gobierno haga todo lo posible en su país, no es suficiente porque hay redes internacionales que tienen influencia dentro de las fronteras. Debemos desarrollar un sistema mundial de comercio más equitativo que apoye el acceso y la distribución de la comida, incluyendo el acceso a la producción de los mercados locales de alimentación.

¿Existe voluntad política para estos cambios?

Cuando uno habla de voluntad, habla de una disponibilidad del gobierno de favorecer a los pobres, de deshacerse de parte de su poder y dárselo a ellos. Eso es muy complicado, porque supone un cambio de actitudes y dotar a los pobres de una nueva responsabilidad. Sin la voluntad política no es posible el desarrollo rural sostenible.

¿Por qué es necesario ese cambio?

La mayor parte de la gente que habla de la pobreza y del hambre en foros internacionales nunca la sentirán. El hambre tiene muchos aspectos: físicos, pero también psicológicos, en la capacidad cognitiva para resolver problemas. Si no impulsamos un desarrollo rural sostenible no vamos a poder reducir el hambre y la pobreza también continuará, porque el hambre influye en la capacidad cognitiva, en la capacidad de tener un buen trabajo, una buena educación... Se entra en un círculo vicioso. Y es, ante todo, una obligación moral; es muy difícil vivir contento cuando hay gente que se muere de hambre.

Llama mucho la atención que sea precisamente en las zonas rurales donde más hambre se pasa...

El 80% de los habitantes de zonas rurales pasan hambre. No es algo casual; son zonas alejadas de los centros de decisión, con poblaciones dispersas... Las inversiones no son rentables porque no se ven. Pero también existe toda una cultura contra lo rural; en Europa se ve, la gente emigra a las zonas urbanas. Ahí es donde están las escuelas, las facilidades médicas, electricidad... ¿Sabe de dónde viene la palabra "ciudad"?

¿Del latín?

Exacto, de "civitas", un centro urbano donde la gente tiene derechos de ciudadanía. La realidad es que estos derechos económicos, sociales y políticos no existen fuera de las zonas urbanas, en muchas áreas rurales. Hay todo un proceso en una parte del mundo para negar al otro. Pero la mayor parte de la población del mundo seguirá viviendo en zonas rurales después de 2015; si queremos alcanzar los Objetivos del Milenio, tenemos que encontrar soluciones rurales también.

¿Es la agricultura una buena vía para terminar con la pobreza y el hambre?

La agricultura es la vía más importante. En Chile, por ejemplo, un crecimiento agrícola del 1% ha supuesto un 7% de reducción de la pobreza, y del 5% en Indonesia. Invertir en agricultura hace disminuir la pobreza, no sólo en las zonas rurales, sino también en las urbanas. De todos los sectores, es el mejor para reducir la pobreza.

¿Por qué siguen anclados en esa pobreza?

A veces es una cuestión tecnológica, pero otras es simplemente una cuestión de inversión. En la década de los 90, la inversión en ayuda al desarrollo rural se redujo un 31%. Una parte del problema es una cuestión tecnológica, pero no es simplemente eso; es también una cuestión de acceso a la distribución, capacidad organizativa para dar a conocer al mundo sus necesidades, de desarrollar unas políticas de ciencia y tecnología más apropiadas para sus fines...

¿La tierra da suficiente para que podamos comer todos?

En este momento, hay comida suficiente para dar de comer a todo el mundo. En 2050, la población será de 9 millones de personas; en ese caso, es posible que necesitemos aumentar la producción. Ahora la solución no es aumentar la producción alimentaria; necesitamos mejorar los sistemas de distribución y un acceso a la comida mucho más equitativo que el actual.
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