HAY profesionales que nunca adquieren piso en propiedad en la ciudad en la que trabajan porque sus carreras son tan dinámicas que hoy están aquí y mañana pueden ser enviados o elegir un destino más apetecible en otro lugar. Esos profesionales suelen ser bastante remisos a aprender la lengua propia de las comunidades autónomas en las que trabajan, porque sería una locura aprender hoy euskera, mañana catalán y pasado gallego. Tal vez por ello, a estas personas no les hace mucha gracia que haya quien reclame que las lenguas de cada país sean un requisito para cumplir determinadas funciones públicas, de la misma forma que les hacen menos gracia los políticos que defienden ese requisito que otros que no lo hacen. Y así, rifirrafe hoy y rifirrafe mañana, le van cogiendo más simpatía a unos que a otros y acaban por coincidir con los más afines en la visión sobre cuestiones políticas y sociales del país que, de forma temporal, comparten. Esos profesionales proclaman su independencia del poder político, aunque cuando éste les concede alguna prebenda, la aceptan sin miedo a que nadie les acuse de clientelismo. Es más, si se les retira el privilegio, entonces sí denunciarán persecución.
A seis jueces y fiscales de la CAV el Gobierno vasco les quiere "quitar" los pisos públicos de los que disfrutan. Y los afectados pretenden, como cualquier trabajador, mantener los derechos adquiridos. Al menos, hasta lograr un nuevo destino. Lo del arraigo es cosa de otros sectores sociales y profesionales. |