«dadme tiempo y dinero y os aseguro que hago que esa columna se doble». Con esta frase contundente terminó Juan Soler su espectáculo en la calle. Unos minutos antes había doblado media docena de cucharas y tenedores con sus supuestos poderes mentales. Pero que nadie caiga en el engaño, todo es un un truco.
«¿Alguien quiere probar? Bueno, los de atrás van a descubrir el pastel» decía entre risas mientras un miembro del público trataba de doblar el metal al modo de Juan Soler. «¿Lo ves?, le das unos golpecitos y luego la mueves así...y cuchara partida».
Lo cierto es que por su aspecto concentrado el metal entre sus dedos parece fundirse realmente y lo increíble es creer que se trata de tan sólo un truco. Sin embargo, en eso consiste su gran afición, que según sus palabras es «demostrar el fraude de los poderes mentales o paranormales, que no existen».
Juan es maquinista de Renfe en Barcelona y siempre ha odiado las supersticiones. «Me extrañaba que gente que decía tener poderes extraordinarios necesitara trabajar, estuviera en el paro o malviviendo», explica Soler. Otra de la causas que le hicieron decantarse del lado de los escépticos es que «los kioscos estuviesen repletos de publicaciones de sucesos paranormales y no hubiese ninguna contraatacando», añade. A través del visionado de videos e investigando por su cuenta descubrió algunos de los trucos de los llamados mentalistas.
Cuestión de método
Después de años de práctica, se pasea con su bolsa llena de cubiertos, con una cuerda a la que hace levitar e incluso, y si le dejan, se apaga hasta 6 cigarros en la mano y camina sobre brasas. Si le preguntan cómo hace esto último, responde que también existe un método, que nada es sobre natural, pero que sin embargo es algo que no hará público nunca. «Hay gente que vive honradamente de esto. Es necesario hacer una diferencia entre los que engañan a la gente apelando a que poseen poderes extraños y los que viven de hacer trucos con el consentimiento de la gente», explica Soler.
Para él, ser un escéptico se ha convertido en algo más que en una simple afición. No vive de sus espectáculos y considera que al círculo de escépticos como una «especie de ONG para la gente que quiere información». Aunque aclara que sabe que «a la gente le gusta creer lo que le cuentan». |