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El sociólogo de la Universidad de Deusto, Javier Elzo. Archivo |
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Javier Elzo Sociólogo
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«Los jóvenes más felices son los que apuestan por la solidaridad»
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Catedrático de Sociología en la Universidad de Deusto y estudioso de los hábitos y la realidad de los jóvenes actuales, Javier Elzo presenta su último trabajo ‘‘Los jóvenes y la felicidad. ¿Dónde la buscan? y ¿dónde la encuentran?’’ en el que aborda su realidad y la percepción que tienen en torno a la familia, a ser escuchados y queridos, así como sus grandes preocupaciones.
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Nekane Lauzirika Bilbao
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Las frases «Los jóvenes se acomodan a la sociedad que les ha tocado vivir» «Dos de cada tres dicen ser moderamente felices» «Encuentran la satisfacción en la juerga y la diversión siempre que ellos controlen lo que toman y no al revés»
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ESTE SOCIÓLOGO es autor de numerosos trabajos y coordinador del estudio ‘‘Drogas y Escuela’’, que comenzó en 1981 y representa una de las investigaciones más completas en su género en Europa. Además, Javier Elzo destaca como especialista en Sociología de la juventud, violencia juvenil y drogadicción. En su último libro ha querido adentrarse de nuevo en el comportamiento y anhelos de los jóvenes, uno de sus temas recurrentes porque, junto a la familia y la infancia, figuran entre sus grandes preocupaciones.
¿Dónde buscan los jóvenes la felicidad?
En un primer momento en la diversión, en pasarlo bien, en salir de juerga. Ésta sería la primera respuesta que darían si se les preguntara a los propios jóvenes. Insistirían al señalar que la felicidad la encuentran en divertirse, en salir sin ningún control, sin ninguna limitación. Porque el joven que no se divierte es un joven triste y no por quedarse en casa se acaba siendo más feliz.
¿Y la encuentran?
La hallan siempre y cuando sean ellos los que controlen el producto que consumen y no al revés. Pero además de la diversión la felicidad está en algo que para mí es muy importante: que el joven tenga algún proyecto en la vida. Algo por lo que valga la pena esforzase. Algo que sea importante para ellos y por lo que merezca la pena luchar.
¿La felicidad ligada a la virtud, a la justicia, o al principio evangélico del amor?
Sí. Entre los jóvenes parece que se cumplen estos principios socráticos. Son jóvenes que abogan por la justicia social, que tienen inquietudes.
¿Jóvenes solidarios?
Yo no diría tanto. Lo que sí me atrevo a afirmar es que los jóvenes que apuestan por la justicia y la solidaridad son los más felices. Además he comprobado que cuando mayor sea el nivel de compromiso y solidaridad aumenta la sensación de felicidad. Y esto no supone moralina alguna. El que pone todo el huevo en la búsqueda de la felicidad propia, en sí mismo, en el egoísmo acaba siendo un pobre diablo. Por lo menos, lo que no conseguirá es ser el más feliz. Los humanos somos muy limitados para nosotros mismos. El joven que tiene como meta de su felicidad emborracharse o pasárselo bien en las fiestas, al final ve muy limitada su vida. Si se pasa toda la semana pensando en lograr la felicidad divirtiéndose el fin de semana se aburrirá mortalmente. Tendrá una vida bastante vacía, que le autolimitará en todos los sentidos.
¿Se consideran felices y contentos nuestros jóvenes?
Sí. Dos de cada tres jóvenes a los que les hemos preguntado por la vida que llevan han respondido estar satisfechos. Dicen ser moderadamente felice. Otra cosa es que dos tercios de nuestra juventud sean felices.
¿Tiene su mérito ante las perspectivas de futuro que se les avecina: hipotecas a 30-40 años, competitividad...?
Los jóvenes se están acomodando bastante a la sociedad que les está tocando vivir. Es la cara opuesta y positiva de la despreocupación. Nos hallamos con chicos y chicas despreocupados, que no se puede decir que sean solidarios del todo. Viven el día a día; en situación de provisionalidad. Ello hace que sepan acomodarse en la sociedad en la que viven y acaban diciendo que son razonablemente felices. ¿Su despreocupación les hace seguir adelante?
A mí, como adulto, me preocupa constatar que hay chicos/as que cogen un crédito para treinta y cuarenta años cuando se sabe, según las estadísticas, que una de cada tres parejas se va a separar. Nos podemos encontrar con un joven que a los 35 años tiene cuatro hipotecas que pagar. Es una auténtica locura. Y sin embargo, la impresión que tenemos es que nos preocupa mucho más a los adultos que a los jóvenes. Ellos suelen decir: ya saldremos adelante.
¿Los jóvenes franceses salieron a al calle para protestar por su futuro, los de aquí por el botellón?
Sí. Pero tampoco podemos tomar a los franceses como ejemplo. Sólo salieron un par de días y fueron a quemar coches y autobuses. Pero, sí es cierto que tenemos una juventud un poco acomodada, cuya implicación política es mucho menor que antes.
¿Por qué?
No es que los de ahora sean más felices que los de antes y viceversa. Actualmente viven en una intranquilidad, inseguridad enorme. Mi impresión es que los de antes eran tan felices como los de ahora o más. Los modelos referenciales de los adultos tampoco ayudan mucho a que se impliquen en la política y en otras áreas de la sociedad. El que no se involucren hay que verlo también desde varias perspectivas.
¿Ha sacado alguna conclusión de su libro?
Sí. Que el joven que tiene algún proyecto en la vida es más feliz. Ese proyecto puede ir desde la familia hasta un proyecto político, algo que valga la pena en su vida, algo que sea más que divertirse. Puede ser perfectamente subir en la escala social, no sólo por el hecho de ascender, sino porque es legítimo que se aspire a tener una familia, hijos, un trabajo que le llene de satisfacción...
¿Se puede ir aprendiendo desde la infancia a ser feliz?
Sí. La labor fundamental está en la familia. Lo que ocurre es que esta institución vive momentos muy complicados. Las familias de ahora no tienen la cobertura de las de antes, que eran el gran colchón que acogía a los abuelos, a los pequeños, a los parados...Se ha perdido esta referencia tan importante. Hoy los núcleos familiares extensos han desaparecido. Surge la familia nuclear. Además, la madre ha salido del hogar y el padre no ha acabado de entrar. Ésta es la verdadera revolución de la familia y no las bodas de los homosexuales y las lesbianas. |
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