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Travestismos
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Xabi Larrañaga
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Y no me refiero a la cachonda aparición de Las Fellini en la tele pública, el pasado jueves. La actualidad muestra aristas menos divertidas pero aún más disfrazadas. Unos encapuchados pillan a dos munipas en Unamuno, los apedrean y tratan de envolverlos en llamas y ataúdes. También se empeñan en quemar su coche y los contenedores cercanos, pagados con nuestros impuestos. De postre, afean las sedes de varios partidos y se ceban con los cajeros. Por cierto, ¿a qué genio revolucionario se le ocurrió un día que la máquina expendedora de bonos para la fiesta, ese milagro insomne que nos abastece de chines a deshoras, tiene su cuota de responsabilidad en el puto conflicto y merece por eso un cóctel? La pregunta me ha salido farragosa porque a la vez que escribo pienso en la culpa infinita de la Caixa y el Banco Popular, atacados el viernes, y no puedo hacer dos cosas bien al mismo tiempo.
Sólo desde el olvido del diccionario, la pereza intelectual o la asunción de un lenguaje tan extendido como engañabobos cabe llamar "radical" al incendiario embozado y kale borroka a sus actos de barbarie. Las bolsas de basura y las paredes sucias de grafitos amenazantes no responden a las agresiones, no hay lucha posible entre chavales violentos que tienen piernas para correr y mobiliario urbano que, para su desgracia, está quieto y mudo. Sólo desde el miedo a hablar claro y la paja mental filosófica se puede calificar de "diente de sierra en el proceso" a la extensión del pánico por las Siete Calles. Sólo desde una fanática ceguera o un alcoholismo absoluto puede uno definirse como defensor de Euskal Herria y acojonar a los vascos que disfrutan de su ocio, a los comerciantes, hosteleros, adolescentes del botellón, parejas de novios y cuadrillas de txikiteros. Hace falta llevar la capucha muy al revés para no adivinar las caras de pavor, odio y tedio que provocan sus hazañas.
Este hueco no se creó para comentar la brasa política, las declaraciones aburridísimas que abren el Telediario y nublan los periódicos. Pero aquí sí entran la alta pelea ideológica y la muy baja, que va más allá de las siglas y afecta directamente al ciudadano. Y, por supuesto, también tiene su glosa eso que travestido de debate patriótico no es sino monólogo de cafres. Porque me la pela el escaqueo costumbrista, la manía escapista de criticar la muerte de cafés y pasar por alto la resurrección del terror en sus alrededores. Nos jugamos demasiado y hoy no estamos para cháchara. |
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