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El ex baskonista Carlos Cazorla tapona un lanzamiento de Fred House. Antonio Pizarro |
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Un campo de minas
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El Tau Baskonia cede su primera derrota en la ACB ante un Caja San Fernando superior y frente al que no tuvo opciones
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Manu González Gasteiz
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Durante la semana, el técnico del Caja San Fernando, un ilustre ex baskonista como Manel Comas, pidió que la cancha del Municipal de San Pablo, que recibió al conjunto gasteiztarra fuera «una bomba atómica». Semejante metáfora bélica puso a sus jugadores en tensión y sorprendió a los visitantes. Aunque, por seguir con la comparación, lo de ayer fue más parecido a un campo de minas. Los gasteiztarras cedieron la primera derrota liguera de la temporada porque, aunque intentó dar pasos, siempre se encontró con obstáculos insuperables en su tránsito hacia el octavo triunfo doméstico.
Desde el principio, además. Salvo en dos tiros libres del ayer desafortunado Rakocevic y en una canasta de Luis Scola, el bastón de mando siempre lo tuvo en las manos un Caja San Fernando que, desde luego, nada tiene que ver con el equipo que deambulaba por las canchas la pasada temporada.
El Baskonia no tuvo opciones de sacar algo positivo de su visita a Sevilla. Para Manel Comas enfrentarse a su ex equipo siempre es algo especial, y ayer supo contagiar ese espíritu a sus jugadores. De inicio, las primeras dificultades llegaron del acierto ofensivo de Hollis Price y de Ignerski. Ambos llevaron las primeras rentas favorables al casillero sevillano. Enfrente, el Baskonia siempre estuvo un paso por detrás de su adversario.
Entre otras razones, porque ayer un ex baskonista, Carlos Cazorla, realizó un gran trabajo defensivo sobre sus pares. De entrada asumió la labor, cumplida con creces visto lo visto, de desquiciar a Zoran Planinic. El croata firmó su peor encuentro oficial con la zamarra baskonista, e incluso realizó gestos que están fuera de lugar, como el de lanzar una patada al aire cuando fue sancionado con unos pasos. Por muy rigurosos que estos fueran.
El conjunto sevillano siguió con su festival inicial, determinante en el desarrollo posterior del encuentro, y los gasteiztarras, viendo los peligros que acarreaba seguir por ese camino, trató de virar su ruta. Lo hizo con la entrada en cancha de Pablo Prigioni. Los gasteiztarras encontraron un mayor equilibrio en el juego y llegaron a ponerse a siete puntos, de manera efímera, antes de que terminara el primer cuarto. Los locales volvieron a ensanchar las diferencias y el Baskonia, con un inusual 1/7 en triples tras los diez primeros minutos de juego, casi se tenía que frotar los ojos, incrédulo, ante la exhibición local.
En realidad, todos los intentos por parte del conjunto baskonista de nadar contra la corriente no condujeron a ningún sitio. Simplemente, ayer no fue el día. Y no lo fue porque, aparte del mal porcentaje en tiros de tres, los gasteiztarras, que venían de exhibir su potencial en Dusseldorf, fallaron en otros aspectos que resultaron también vitales.
En el tiro exterior, los gasteiztarras anotaron 13 de sus 35 intentos. Pero es que, además, seis de ellos llegaron en el último cuarto, cuando la mayor aspiración baskonista era el maquillaje de un marcador que llegó a ser sonrojante, con 23 puntos a favor de los andaluces.
Maquillaje final
Además, cuestiones como el acierto ofensivo de Hollis Price, el rebote ofensivo o la escasa actitud que, salvo Scola y Prigioni, tuvieron los jugadores baskonistas, fueron cuestiones determinantes en la derrota de ayer.
En los diez últimos minutos, a la desesperada, el Baskonia comenzó a maquillar la derrota. Era demasiado tarde, ya que el encuentro se había decidido ya mucho antes. Fueron demasiadas minas en el camino. |
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