 |
|
|
 |
Aritz Aduriz controla un balón para superar el marcaje del valencianista Albiol. El delantero guipuzcoano no estuvo acertado en Mestalla y fue sustituido. Reportaje fotográfico Zigor Alkorta, enviado especial a Valencia |
|
| MÁS INFORMACIÓN |
 |
|
|
 |
|
|
Llorente pone cabeza al corazón
|
|
Un testarazo del delantero en el último minuto salva el empate ante el Valencia a un Athletic que se dejó la piel en la primera parte pero que acusó mucho el tanto local
|
 |
Igor Camaño Enviado especial a Valencia
|
 |
|  |  | 1 | 1 |  | |  | | Igor Camaño Enviado especial a Valencia |  | Hay días en los que el Athletic es injusto con el fútbol. El partido de Mallorca es un buen ejemplo. Hay otros días en los que es el fútbol el injusto con el Athletic. Ayer parecía que iba a ser un ejemplo perfecto. Dar todo y no conseguir nada. Otra vez la misma historia. Pese a la presión de los resultados, el equipo salió bien plantado en Mestalla. Con las ideas claras. Dispuesto a dar un disgusto al Valencia, un equipo que no pierde en su feudo desde el 27 de octubre de 2005. Por algo será. Por calidad, sobre todo. La plantilla blanca retrata fielmente cómo se gesta el fútbol actual: a base de talonario. Lo mejor de aquí, lo mejor de allá y hete ahí un equipo con serias aspiraciones. Con jugadores de ‘‘play-station’’. Con artistas capaces de convertir en gol un balón que pasaba por ahí. Como hizo Morientes.
Ver que uno se deja la piel, que incomoda todo lo que puede y más al rival, que incluso arranca pitos de la grada para sus futbolistas, que con más corazón que cabeza consigue hilvanar alguna ocasión, que incluso Gabilondo mete el miedo en el cuerpo a Cañizares... En fin, ver todo eso y comprobar que todo pone proa al carajo porque el Valencia marca a dos minutos del descanso, dejando en nada los méritos rojiblancos, debe escocer más que un zapato nuevo.
De la presión a la depresión
Por eso el Athletic pasó de la presión a la depresión. Porque el bajonazo le fundió los plomos. No las ganas, pero sí el acierto. El equipo rojiblanco no está para estos golpes. Y menos para que no le salga nada, como en la segunda mitad. Es difícil encontrar un control adecuado o un pase en condiciones. Muy difícil. Imposible hasta que aparecieron Etxeberria y Llorente. Era el último recurso de Sarriugarte. Apostar todo a la X, al empate. Atrás quedaba toda la artillería anterior. Aduriz descolocó a Cerra, el chaval que suple a Del Horno, y hasta le arrancó una tarjeta. Pero poco más. Yeste no tuvo su noche. Estuvo apagado, sin chispa y carente de la precisión que atesora en esa bota izquierda. Murillo y Expósito, colocado para atar a Joaquín, hicieron lo que pudieron en los laterales, pero eso no siempre es bastante. Gabilondo apuntaba ganas y maneras, pero recibe pocos balones. Urzaiz quiso y no pudo. Con ese panorama había poco que hacer. Sólo sacar a Etxebe y a Llorente y confiar en que hasta el rabo todo es toro.
Y ese pase que no había salido en toda la segunda mitad, ese remate que había sido imposible, esa ilusión por el empate que se había esfumado, todo eso, cobró cuerpo cuando Etxeberria se deshizo de Cerra en la banda y colgó un buen balón. El buen desmarque de Llorente y el mejor remate hicieron el resto. El empate.
Hay días en que Llorente no es justo con el Athletic y con el fútbol que lleva dentro. Sobran los ejemplos. Pero también hay días en los que el Athletic se quedaría sin dinero para pagar por su fútbol. Como el encuentro ante el Zaragoza de la temporada pasada. Aquella jugada en un metro y el gol que regaló valieron la continuidad en Primera. El tanto de ayer premia el esfuerzo del equipo, sube otro punto al casillero y quizá refuerce también otra continuidad.
|
|