Hacer que los niños participen en la resolución de los conflictos es el mejor remedio ante el incremento de la violencia que se vive en los centros escolares. Vista la situación, en el colegio público Zamakola, ubicado en el bilbaino barrio de La Peña, han cogido al toro por los cuernos y aplican desde hace cinco años el programa pionero “Bizi Gaitezen Elkarrekin”. Con él enseñan a sus 600 alumnos a resolver sus problemas hablando, con la ayuda de doce mediadores que hay en el centro. Son niños de quinto y sexto curso de Educación Primaria, dos por cada curso, chico y chica, y su labor es ayudar a que las peleas entre sus compañeros se solucionen mediante el diálogo. Pero esto, que parece sencillo, oculta un duro trabajo que realizan los 50 docentes. Los buenos resultados del programa se están plasmando en un libro y un DVD que el Departamento de Educación del Gobierno vasco trasladará el próximo curso a todos los colegios de la CAV con el beneplácito de Justicia y Derechos Humanos. El material estará incluso a disposición de los interesados en el Estado. En ambos formatos aparecen las pautas a seguir para prevenir la violencia en clase. Es más, acaban de obtener el primer premio del concurso de “Buenas prácticas educativas para la convivencia” otorgado por el Ministerio de Educación y dotado con 9.000 euros.
La escena se repite cada día en los patios escolares de todo el mundo. Dos niños discuten o se pelean por cualquier motivo. La diferencia es que en Zamakola se dirigen al ados-toki, lugares de encuentro para ponerse de acuerdo. Primero buscan soluciones por ellos mismos, pero «cuando van creciendo, ya en tercero o cuarto curso, se enfadan tanto que no se reconcilian y piden la ayuda de un compañero que está preparado para ayudarles. Es el mediador y al que eligen para poner fin a las disputas.
Poniendo límites
La base de todo este proyecto son las normas que los pequeños aprenden en las horas de tutoría en vez de utilizar este tiempo en las asignaturas de religión, ética o ciudadanía. Teatrillos, vídeos y mucho debate son los métodos. «No puede haber un niño al que no aceptamos, porque todos somos diferentes y todos somos la escuela», comenta María Asun Olano, directora del centro.
Cada año hay una programación que comienza en setiembre con los límites y luego se pasa al conflicto y la mediación, el sentido del grupo, el autocontrol y el desarrollo moral. Los niños han de respetar las normas porque, de lo contrario hay consecuencias: «Un niño que tira migas en el comedor, deberá barrer; si llega tarde, se irá más tarde. De nada sirven los castigos de meses sin televisión y días sin salir, necesitan reparaciones claras e inmediatas, y eso se aplica aquí».