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Ángel Garitano "Ondarru", cuando dirigía al Alavés. Asier Bastida |
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El bigote postizo de Mané
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Inseparables desde 1980, "Ondarru" ejerce de puente entre el técnico de Balmaseda, la prensa y la plantilla, con las que alterna bromas y broncas
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Unai Larrea Bilbao
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No a los extranjeros«Los socios hemos apoyado esta filosofía y así debe seguir, aunque bajemos, que es algo impensable»
Sentir nacionalista Estando en el Levante le preguntaron: «¿Vasco o español?» «Vasco», dijo. «¿Por encima de todo?» «Sí»
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Hace unos meses, un periodista valenciano preguntaba a Ángel Garitano "Ondarru", entonces segundo técnico del Levante, si alguien había cuestionado alguna vez su condición sexual, la suya y la de José Manuel Esnal, "Mané"; y si tras 26 años trabajando codo con codo con el mismo hombre aún cabía la posibilidad de que, a sus 56 años, uno y otro decidieran salir del armario. «Hombre, para salir del armario hay que meterse, y nosotros nunca estuvimos dentro», respondía el hombre que hoy será presentado como segundo entrenador del Athletic, del que es socio desde hace años.
El asunto, que no deja de ser una divertida anécdota, ilustra a la perfección una realidad intangible, escrita a lo largo de las dos últimas décadas y media: no puede entenderse a Mané sin Ondarru, su segundo entrenador, ayudante, amigo y confesor. Y viceversa. «Incluso cuando tienen algo que celebrar, o cuando toca tomarse un par de copas, las toman juntos», apunta un periodista que cubrió la información del Alavés cuando los dos técnicos vizcainos lo dirigieron.
Nacido en 1950, como Mané, Ondarru es el mayor de 14 hermanos (uno de ellos es Ander Garitano, ex jugador de Athletic y Zaragoza). Para contribuir a la economía familiar se echó muy pronto a la arena futbolística (llegó a jugar en el Linares), y no pudo estudiar, algo que ahora lamenta. Por eso está tan orgulloso de que su hijo Gaizka, centrocampista de la Real, compaginase la escalada a Primera División con los estudios y finalizase Ciencias de la Información.
Los caminos de Mané y Ondarru convergieron en su época de futbolistas, el primero en el Balmaseda y el segundo, en el Bermeo. Hicieron juntos el curso de entrenadores. Tomaban un vino cuando coincidían en Bilbao. Por eso Mané llamó a Ondarru cuando le asignaron la dirección del Barakaldo. Desde entonces, finales de 1980, jamás se han separado: Sestao, Alavés, Figueres (ascenso a Segunda), selección vizcaina de juveniles, Mallorca, Levante, Alavés (ascenso a Primera y finalista UEFA) y de nuevo Levante (ascenso a Primera) fueron estaciones de paso por las que transitaron de la mano.
Ondarru, más mediático
Mané y Ondarru forman un tándem perfecto, complementario. El uno cubre las carencias del otro. El de Balmaseda es un técnico nada mediático: detesta conceder entrevistas, y huye como la quema de la exposición pública. «Sufre cuando se encienden los focos y las cámaras», cuentan desde Gasteiz. El de Ondarroa, por contra, es mucho más receptivo al contacto con la prensa, y muchas veces hace de puente entre el primera entrenador y los periodistas.
Similar es la función que ejerce Ondarru dentro del vestuario. Mané es muy dialogante, pues trata de convencer al futbolista con la palabra y no desde la autoridad, pero trata de mantener una distancia prudencial con él. Es, por tanto, Ondarru el encargado de abroncar a los jugadores cuando no se ejercitan con la intensidad debida pero también el que desatasca una situación tensa con un chiste, una broma o un guiño cómplice. «No es que abusase de las broncas, pero las que soltó en Ibaia fueron antológicas», cuentan. Él no se considera un entrenador de látigo. «No hace falta sacar el látigo en ninguna profesión, con el respeto se llega a todo el mundo», dice.
Con la filosofía del Athletic
«Mané es, de los dos, el táctico, el estratega, el ideólogo, lo que no significa que Ondarru no sepa de táctica, no, pero su fuerte es el conocimiento extremo del fútbol. Conoce al dedillo a los futbolistas rivales, a los técnicos, a los árbitros, y ésa es una información privilegiada», añaden desde Araba. «Los dos somos bastante parecidos, aunque quizás yo soy mas dicharachero y él (Mané) más serio», afirma Ondarru, que asume su condición de segundo con una normalidad absoluta. Si él atiende con mayor frecuencia a los periodistas es para liberar de presión a su jefe, y también porque Mané no habla euskera, por lo que los medios euskaldunes suelen requerir a su "segundo" en sala de prensa.
Mané y Ondarru profesan un mismo credo futbolístico: el resultado es lo que importa, y el equipo empieza por el portero y la defensa. «Son resultadistas. Lo fueron incluso en el Alavés de los mejores tiempos. Son más "bilardistas" que "menottistas", pero no llegan al extremo del "¡Písalo, písalo!". Con Mané y Ondarru es posible que San Mamés se aburra con su equipo, pero que nadie dude de que el Athletic se va a salvar», dicen desde Mendizorrotza.
Ondarru es 100% Athletic. Defiende su filosofía. «Jugar únicamente con jugadores vascos es una política que ha tenido siempre el club y que los socios hemos apoyado en todas las asambleas. Por tanto, así debe seguir, aunque bajemos, que es impensable», afirmaba en junio. Tampoco esconde un sentir nacionalista. «¿Vasco o español?», le preguntaron en un medio valenciano. «Vasco», replicaba. «¿Por encima de todo?». «Sí», era su respuesta, tan contundente como valiente si se tiene en cuenta que dirigía a un equipo, el Levante, de una ciudad y una comunidad que gobierna el PP.
«¿Cómo es mi padre? Es un enfermo del fútbol. No hace más que ver partidos. Conoce a todos los futbolistas, desde la Primera hasta la Tercera, y más abajo. Sólo piensa en el fútbol», decía ayer a DEIA Gaizka, su hijo, que ya se frota las manos ante la posibilidad de medirse a su padre en el Real-Athletic del 28 de enero: él, en el césped; aita, en el banquillo, junto a Mané, como siempre. |
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