Anda el personal cabreado con las multas de Artaza. El triángulo asfáltico que enlaza Getxo, Basauri y Muskiz, con Bilbao en su interior, se asemeja ya al de las Bermudas. En él desaparecen toneladas de sosiego y buen humor. Si no te queman las autoridades por exceso de velocidad, te queman los atascos por lo contrario. Basta que un Seat moribundo suelte el último cuesco junto a Max Center para que la provincia se paralice. Luego pasa lo que pasa: uno está preso en el coche, recuerda el tabaco recién dejado, suda la paranoia -¿qué estará haciendo mi mujer?-, piensa en la defensa del Athletic, oye a Jiménez Losantos y del motor o del cerebro surge un humo venenoso. Es una forma muy sana de encarar la jornada. Los de Cantabria serpentean en cámara lenta aunque no haya accidentes. Simplemente no caben en la carretera. Yo me pregunto si la playa y el precio del chalé compensan la pérdida diaria de tres horas en la A-8. Un cubano me regaló la fórmula: «Cuando se acaba la paciencia hay que ir a por más paciencia».
Es injusto echar toda la culpa a los políticos. El clítoris masculino es el volante y hay quien alcanza su orgasmo zigzagueando en la Avanzada. Algunos se te pegan al culo como el camión de "El diablo sobre ruedas" y envían destellos muy amorosos. Se acuerdan de tu madre si no cambias de carril, así que urge bajarles la erección vial respetando escrupulosamente las señales. Llevan mala fama los jóvenes bakalutis de peinado tipo cenicero, pero en verdad abundan los respetables corbatudos de neuronas tuneadas. Piensan que manejan una máquina de marcianitos. También destacan esos listos que en plena caravana se las ingenian para trotar por el arcén. Sólo les falta sacar el pañuelo y plantarse un chirimbolo luminoso para hacernos creer que son embarazadas de la Ertzaintza. Vale, cuélate, pero no nos llames gilipollas. Y este dedo que te enseño es un homenaje a E.T.
Y digo yo, en dirección al mandamás de turno: ¿tan complicado es adaptar los límites de velocidad a la coyuntura? Conducir a 60 por la autovía puede ser tan peligroso como hacerlo a 120. ¿Es difícil informar en los paneles de que, por la lluvia, ha bajado el límite a 70, y porque hay poco tráfico ha subido a 100? ¿Qué cuesta usar la lógica en vez de aplicar la ley con rigor talibán? Y vaya una ración de demagogia: si recibimos multas tras pasarnos de la raya, ¿no deberían indemnizarnos cuando, por causas que siempre ignoramos, ocurre lo contrario y no hay forma de llegar |