COMO buscar y analizar paralelismos entre Quebec y Euskadi sería un ejercicio más propio de una tesis doctoral en politología, tal vez lo más sencillo sea reparar en un extremo que no es baladí: en un estado democrático con un nivel de desarrollo económico, político y social envidiable, como es Canadá, el debate sobre el encaje de una realidad nacional inmersa en esa estructura estatal es asumido con normalidad por todos los poderes de ese estado: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Desde los sectores más refractarios a ello en España se dirá que ambos casos, el de Quebec y el de Euskadi, no son comparables, pero en ese mismo momento habrá quedado abierta ya la discusión, porque hay otros sectores, muy amplios en la sociedad vasca y nada desdeñables en la sociedad española, que entienden que sí se debe abordar tal problemática.
Mientras en el Estado español el PP y algunos sectores del PSOE se rasgan las vestiduras ante las reivindicaciones de los nacionalismos vasco, catalán y gallego, en el Reino Unido se ha impulsado un proceso de normalización política y pacificación para Irlanda del Norte y en el corazón de la Europa continental se da un proceso de autodeterminación como el de Montenegro. La democracia no peligra con estos debates; sí, en cambio, cuando se impiden. |