El juicio por el asesinato de un taxista en Bilbao en diciembre de 2005 finalizó ayer con un giro en la postura de la fiscal que considera probado ahora que el cuchillo que le causó la muerte al conductor era suyo y que fue él quien primero agredió al acusado. La madrugada del 12 de diciembre de 2005, el joven dominicano Reiny E. P., de 20 años, apuñaló al taxista Eduardo R. C., de 45 años, casado y con dos hijas, y tuvo que ser protegido de ser linchado por otros taxistas.
La representante del ministerio fiscal mantuvo que se ha probado que fue el taxista quien inició la agresión «pinchando», con un cuchillo que él llevaba, al joven tras una discusión por el dinero de la carrera, causándole heridas en la cara que ha quedado acreditado que sufrió.
Sin embargo, no cambió su solicitud de pena y mantuvo los 12 años de cárcel por homicidio, al considerar que el joven logró apoderarse del cuchillo y que en vez de abandonar el vehículo le apuñaló «con intención de ocasionarle la muerte». «Sabemos que Reiny montó en el taxi y que mató al taxista, pero ¿por qué?, se preguntó la fiscal, quien explicó que para ella existió una discusión por el dinero y «algo más» como «miradas, comentarios racistas, descalificativos, insultos», en definitiva, «una gran violencia verbal», que hizo que Eduardo «estallara». Respecto a la pertenencia del arma, opinó que dado el tamaño del cuchillo, de 172 milímetros de hoja, no «es lógico» que lo llevara el acusado, porque no entra en los bolsillos de su ropa y no llevaba cinturón.
Muy distintos fueron los hechos para la acusación particular, quien mantuvo que el joven agredió por la espalda y de manera sorpresiva al taxista, y reiteró su petición de 17 años de cárcel por asesinato. El letrado insistió en que «no se ha portado ninguna prueba de que el taxista tuviese ningún cuchillo». Calificó de «absolutamente impensable» que un hombre de 1,90 y 130 kilos se deje arrebatar un cuchillo por una persona de 60 kilos y aseguró que lo hubiera tenido el taxista «lo cose a puñaladas».
La defensa consideró probado que Reiny actuó en defensa propia y que no tenía intención de matar al taxista, y mantuvo su petición de libre absolución o en su defecto un pena cinco años de cárcel al estimar que se pueden aplicar varios atenuantes.
Durante su derecho a la última palabra, Reiny pidió perdón a los familiares de la víctima y aseguró que «no quería que la cosa llegara a tanto». |