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CADA OCHO segundos, una persona en el mundo se infecta de VIH. La epidemia ataca, sobre todo, a las mujeres, y a los jóvenes, afectando así las próximas generaciones, en el Tercer Mundo, especialmente en el África subsahariana, donde lejos de remitir se vive un momento de expansión–explosiva de la epidemia. Y el máximo problema es que, aunque el virus no sabe de edad, la realidad es que está cebándose, a través de la vía sexual, muchísimo más en jóvenes que en mayores, con lo cual se está garantizando una presencia durante muchos años. Una presencia real en los miles y miles de muertos que producen, pero también en los de aquellos que quedan infectados y los que en los países subdesarrollados apenas un 2% tienen acceso a los antirretrovirales. Y aunque el VIH sea el mismo, no es ésta la situación en los países desarrollados donde la convivencia de los infectados con su huésped indeseado se puede sobrellevar gracias a los medicamentos antirretrovirales en continuo desarrollo y perfeccionamiento. Aquí en nuestro entorno del pánico colectivo se ha pasado a una relación suicida: las cifras de muertes se detienen, pero no las de infección. Una infección que crece, sobre todo, en mujeres heterosexuales y también entre los homosexuales. Con motivo de conmemorarse hoy el Día Mundial del Sida, Marisa y Mikel relatan cómo se infectaron. |