LOS TRABAJADORES de Reckitt & Benckiser presentaron ayer a la dirección de la multinacional una abultada lista de reivindicaciones para compensarles por el inminente cierre de la planta de Güeñes. Reclaman la prejubilación para todos los empleados mayores de 48 años, un tramo de edad en el que se encuentran más de 50 de los 190 efectivos de la planta, así como fuertes sumas para los que no alcancen esa edad.
Los empleados plantean una indemnización equivalente a 100 días por año de antigüedad, aunque estableciendo una cantidad mínima de 48.000 euros que beneficiaría a los operarios incorporados de forma más reciente al centro. Su intención es que este plan se aplique tanto al personal fijo como a las subcontratas que operaban dentro de las instalaciones.
Reckitt respondió valorando las ambiciones sindicales como «desproporcionadas» y «fuera de la realidad». Para los sindicatos, en cambio, la dirección está mostrando «voluntad de diálogo» para resolver el conflicto.
Natxo Velasco, presidente del comité de empresa, justifica sus pretensiones por el hecho de que, para muchos operarios veteranos -la edad media es de 45 años-, el cierre podría significar la «muerte laboral» o trabajar el resto de su vida en condiciones de «absoluta precariedad».
Por ello, su «primera prioridad» será conseguir la recolocación de la mayor cantidad posible de excedentes en otras fábricas. A día de hoy parece improbable que se busque acomodo al 100% de la plantilla, aunque los sindicatos así lo han exigido. El Gobierno vasco, que barajaba varios proyectos industriales para mitigar el impacto de la clausura, sólo tiene en cartera en este momento una iniciativa que daría empleo a 35 personas.
A la reunión de ayer asistió un agente de la Inspección de Trabajo, que la próxima semana deberá determinar si la extinción de los contratos tiene causa justificada. Reckitt audita ganancias con su actividad en Güeñes, pero la matriz ha decidido trasladar toda la producción a Portugal, Polonia y el Reino Unido. |