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Un momento de la emisión "especial" del informativo en que se anunció la ficticia independencia de Flandes. Afp |
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El día que flandes fue independiente
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Una "emisión ficticia" de la radiotelevisión pública francófona sobre la secesión de la comunidad flamenca de Bélgica sorprende y conmociona al país y reabre el debate sobre la separación.
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Silvia Martínez
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«FLANDES ha proclamado su independencia unilateralmente y Bélgica como tal deja de existir». François de Brigode, presentador estrella del informativo nocturno del canal francófono RTBF, suspendía el pasado miércoles con rostro serio y tono grave la emisión de un programa de la televisión pública belga para anunciar la secesión de Flandes. Eran las 20.21 horas y los telespectadores, prácticamente en su totalidad francófonos, que miraban la televisión no salían de su asombro.
La incredulidad dio paso a la indignación, al miedo y hasta el enfado. Con las emociones a flor de piel los ciudadanos empezaron a llamar y a enviar mensajes al número de teléfono puesto en pantalla por la cadena. Resultado: líneas colapsadas y página web bloqueada. Mientras, la emisión del informativo continuaba con conexiones en directo con el Parlamento flamenco, delante del cual se concentraron varias decenas de personas celebrando la independencia; con el Palacio Real, delante del cual manifestantes apoyaban la unidad del país e incluso con Kinshasha, capital del Congo, a donde supuestamente se había trasladado el rey de Bélgica, Alberto II. Incluso entrevistaron al eurodiputado catalán, de ERC, Bernat Joan, quien saludó «con entusiasmo» la decisión y mostró su optimismo con la apertura de un proceso similar en «otras naciones sin Estado».
Hasta que en pantalla apareció el rótulo de "esto es una ficción" y se supo que la independencia no era real, poco antes de las 21.00 horas, había transcurrido más de media hora y como en la escenificación de "La guerra de los mundos", de Orson Welles, la noticia había causado ya una enorme conmoción e historias tan curiosas como la de una madre que llamó a la televisión pidiendo que repatriaran a su hijo, que se había quedado en la parte flamenca o la de un taxista de origen árabe que delante del Consejo -donde se reúnen los ministros de los Veinticinco- recibía la llamada de su mujer instándole a tener cuidado porque los seguidores del Vlaams Belang, partido de extrema derecha e independentista flamenco, podían echarse a las calles. El resultado de esta "genialidad", "escándalo" o "utopía" es la reapertura de un debate que nunca abandona Bélgica: la separación de Flandes. «No teníamos la intención de crear una emoción así, sino abordar la verdadera cuestión que preocupa a los ciudadanos en su vínculo con Bélgica», se explicó ayer Jean Paul Philippot, director ejecutivo de la RTBF. |
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