«Venimos aquí porque podemos traer a nuestros bebés». Miren Santiesteban comió el jueves con su marido, Óscar Ferreiro, y una pareja de amigos, Mikel Basterretxea y Ainara Arsuaga, en el restaurante Berton del Casco Viejo de Bilbao. Antes de que los adultos empezaran a zampar, llenaron las tripitas de sus amores: dos niñas de 7 y 10 meses que engullieron la papilla sin rechistar. Y rodeadas de un aire libre de humos.
«Me encantan los niños y los animales, y he de velar por las condiciones laborales de mis trabajadores», resumió Fernando Egileon, el dueño del Berton, el Sasibil y el Bukoi, tres de las cuatro tabernas del Casco Viejo de Bilbao donde está prohibido fumar desde hace un año, desde que entró en vigor la Ley Antitabaco, la única aprobada por unanimidad por el Congreso de los Diputados en esta legislatura.
«Empezamos a venir aquí cuando las niñas nacieron porque podíamos darles el pecho dentro del local. En verano no te importa salir fuera o sentarte en una terraza, pero en marzo hacía demasiado frío para Itxaso y para mí», añade Ainara Arsuaga. Y para su marido, comer en el Berton también supone una ventaja, ya que es un ex fumador que, como casi todos, se siente aliviado al no tener la tentación cerca.
Enfrentamientos
Dado que los bares que han prohibido fumar son una pequeña minoría, los fumadores castigaron a esta avanzadilla a principios de año: el Berton perdió un 15% de la clientela, reconoce Egileon. «Pero nos estamos recuperando, hemos perdido unos clientes y hemos ganado otros». Sólo recuerda tres momentos de tensión, protagonizados siempre por fumadores que no estaban dispuestos a apagar el pitillo. «Fueron los clientes los que zanjaron el tema, recordándoles que no se puede fumar, pidiendo por favor que apagaran el cigarrillo o que salieran fuera». «Mejor así a que tengamos que intervenir nosotros y la cosa se ponga fea», valora el dueño.
Con niños todo cambia, parece ser. «Me imagino que una madre fumadora también se sentirá más a gusto en sitios donde no hay humo, aunque algunas preferirán tomarse el café con el cigarrillo entre los dedos… Supongo que cuando los niños son pequeñitos las madres vigilan más a donde les llevan, pero cuando empiezan a crecer, relajan los criterios de "salubridad"», reflexiona Santisteban. Ella, en cualquier caso, lo tiene claro: «Me gustaría que hubiera más bares donde esté prohibido fumar».
Pero Egileon se encontró con una opinión bien diferente en la calle. «Los clientes nos llamaron intransigentes», asegura, «¡sobre todo las mujeres!». «Yo les pregunté a los trabajadores: Oye, ¿vosotros que preferís? Porque no entiendo que los camareros sean una subclase en la Ley Antitabaco: se prohíbe fumar en los lugares de trabajo, pero en la hostelería los trabajadores siguen respirando humo, según los ánimos del patrón, claro. Que por tener unos clientes de más, muchos siguen permitiendo el tabaco».
Olor a comida
Entrar en la taberna es dar rienda suelta a uno de los siete pecados capitales: la gula. «Aquí huele a comida, a jamón, a pinchos...», saborea Santisteban levantando la nariz, preparándose para el menú que se avecina.
«Sí, huele a pincho y está todo mucho más limpio», corrobora el dueño. «Siempre hemos hecho hincapié en la higiene, pero si además quitas los ceniceros de la barra, las colillas del suelo y los quemaduras en la ropa, ganas un mundo desconocido para la mayoría», dice antes de quejarse de la redacción de la Ley Antitabaco: «Resulta imprecisa».
Desde su entrada en vigor, el pasado 1 de enero, ya no se puede fumar en los lugares de trabajo y en los establecimientos hosteleros de más de 100 m2, excepto en las zonas habilitadas para ello en el caso de la restauración. Mientras, 8 de cada 100 fumadores han dejado el hábito. Óscar Ferreiro lo intenta «a diario», pero sólo lo consigue «a veces».
Asegura que desde que lo prohibieron en el trabajo, fuma mucho menos porque «es duro salir al frío y en casa también tengo que ir al balcón por la niña». El resultado, afirma, merece la pena. «Ahora fumo muy poquito. Los fines de semana, cuando sostengo una cerveza en la mano. Prohibir fumar en la oficina es lo mejor que han hecho y prohibirlo en los bares... Bueno, no me quejo», concluye el padrazo. |