Padres y madres, agárrense que viene curva. Por encargo de un diario, el laboratorio SAILab ha analizado cien billetes escogidos al azar en cinco ciudades y ha descubierto por qué a muchos paisanos les baila la quijada, se les encienden los ojos y no callan, macho, es que no callan y no son la Patiño: sólo seis de los billetes sometidos al estudio están libres de pecado y no han servido de soporte para rayear cocaína. La conclusión asusta.
El 94% del papel moneda que anda de mano en mano contiene huellas de la droga más fea y más guapa, una pelusilla de polvo blanco como un bigotillo de edad del pavo. Yo si fuera adicto no pillaría eskama a ningún espídico porque ya la tenemos gratis con sólo aspirar las vueltas del súper.
Padres y madres de la Villa liberal, no se suelten todavía el cinturón de seguridad y apriétense el de castidad. Pues entre los veinte billetes enviados desde aquí a modo de cobayas no había ni uno limpio, todos estaban contaminados de coca, el 100%.
Para chulos nosotros, si participamos en algo lo damos todo por salirnos de la tabla. Así que sigo y transcribo otros datos -más peores, que diría aquél- para que nadie me acuse de trolero tremendista: "Los de Bilbao son, con diferencia, los que más cantidad de cocaína presentan -61,668 microgramos de media- , diez veces más que los de Sevilla y cinco veces más que los de Barcelona y Madrid. De Bilbao proceden también los dos billetes con más restos: 362,88 y 345,06 microgramos". ¡Toma ya! Desde aquí pido que, ya puestos, nos escruten el creditrans.
Esto es lo que hay, y quien vuela de búho por el Botxo lo conoce, goza o sufre. No hace falta ser secreta de estupefacientes para enterarse. Cualquiera que pise el baño del bar se topará con una peña ecléctica y electrizada esnifando fato. Y es que los estereotipos, como las marcas, están para romperlos.
Antaño se creía que los farlosos eran ejecutivos de alto voltaje, y se comparaba su elegante estrés con la existencia desahuciada y arrabalera de los yonkis. El periodismo ducho en lugares comunes completó la lista de dopados añadiendo a los tuneros, que no son los plastas de Clavelitos sino los reyes barriales del tuning, el chándal, Chimo Bayo, el peinado legionata, la Juani, los poligoneros y bakalutis varios. Ni uno ni otro tópico nos vale.
Pues aquí el farlopeo no entiende de clases sociales ni de distritos geográficos, y se mete harina de Cali el de la corbata y el del palestino. Así está el patio local, manicomio de zombis en pos de un "Fernandol". |