«Montar en avión era como ir a la muerte. El miedo empezaba días antes de volar» José J. M. Aspirante a piloto
«Lo máximo que podía hacer cuando montaba en avión era llegar al asiento»
«Les enseño a controlar sus emociones para convertirlas en positivas» Marian Alonso Psicóloga de Aerolink
«Los que más se oponían a montar acaban corriendo para conseguir un asiento»
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Las estadísticas no perdonan y de ellas se desprende que el avión es el medio de transporte más seguro, con menor índice de siniestralidad, que los viajes en coche, autobús o tren. Los números no engañan pero para un reducido y anónimo número de viajeros el desplazamiento en avión se convierte en una odisea poco agradable que puede derivar en un pánico irracional de consecuencias impredecibles.
Para superar esta fobia la empresa de servicios aéreos y escuela de pilotos Aerolink organiza en la antigua terminal del aeropuerto de Bilbao un curso intensivo que devuelve a sus alumnos las ganas por volar. «Les enseño a controlar sus emociones para que las conviertan en positivas», asegura Marian Alonso, psicóloga del centro que ha visto cómo uno de sus alumnos ha superado todos los miedos irracionales y ha comenzado los estudios para convertirse en piloto privado tras estar «más de quince años» sin coger un avión.
Este «valiente» es José J. M., que a los 48 años de edad ha vuelto a «disfrutar» a bordo de una aeronave. «Lo máximo que podía hacer cuando montaba en un avión era llegar hasta mi asiento, aferrarme a los brazos y permanecer allí, inmóvil y muerto de miedo», asegura José, que acudió al curso de Aerolink «sin esperanzas» de poder superar su fobia. El último vuelo comercial que hizo este hendaiarra fue un Canarias-Foronda tras el que decidió «no volar nunca más». A partir de ese momento, su día a día estuvo marcado por ese miedo irracional: «He tenido que ir a Bélgica en tren por cuestiones de trabajo y llevar a mis hijos en coche hasta Eurodisney. Cuando veía despegar los aviones desde Hondarribia ya me temblaban las piernas. Solía pensar ‘‘pobre gente la que va dentro’’. Pero ya está todo olvidado».
Animado por su pareja, José J. M. pasó un fin de semana de ‘‘terapia’’ y los resultados no pudieron ser más satisfactorios. «Las nociones de aeronáutica que facilitan los monitores, las técnicas de relajación que enseña la psicóloga y la metodología del curso arreglaron mi problema por completo. Al completar el programa, los responsables de la escuela planifican un vuelo final. Nunca lo olvidaré porque disfruté por primera vez, total y completamente, del viaje. Tanto fue así que acto seguido decidí sacarme el título de piloto privado», indica este aprendiz de piloto que ya piensa en comprar una pequeña avioneta de segunda mano para surcar los cielos junto a su pareja, Nerea, que también ha iniciado los estudios para convertirse en piloto privado.
«Sin facturar el equipaje»
José va a comenzar a volar este mes tras recibir los conocimientos teóricos necesarias para poder manejarse en las alturas. «Estoy ansioso por comenzar la parte práctica. La idea consiste en que, cuando acabemos el curso de piloto privado, nos compremos una avioneta, un aparato de pequeño tamaño con el que podamos ir a Sevilla cuando nos apetezca, porque tenemos una casa allí. Será genial volar sin tener que esperar colas ni facturar equipajes», señala este alumno que ha dejado atónitos a los responsables de Aerolink. «Cuando José me dijo que quería sacarse la licencia de piloto creía que me estaba tomando el pelo. No es normal que una persona que tiene miedo a volar acabe pilotando una avioneta», afirma Marian Alonso, que, según dice, ha conseguido que casi el 100% de sus promociones hayan superado el pánico a montar en un avión.
«Llegan ansiosos, sudando y me preguntan si es obligatorio subir a la avioneta al finalizar el programa. Yo les explico que no, pero aun así se muestran ansiosos. Lo más curioso del asunto es que, al terminar las clases, los que más se oponían a montar en la aeronave son los que acaban corriendo para coger asiento», señala la psicóloga de Aerolink, que recomienda este curso a todas las personas que quieran «disfrutar» a la hora de subir en un avión pero que en la actualidad viven ese momento como un verdadero «suplicio».
El que ya no tendrá «sudores fríos» es José J. M., que con esta terapia a mil pies de altura ha borrado para siempre su miedo a volar y ha optado por pilotar su propia aeronave.
«Para mí montar en avión era como ir a la muerte. El miedo empezaba muchos días antes de volar. Pero lo tengo todo superado», concluye este hendaiarra, un ejemplo para el que padece cualquier fobia. |