Evolución«Los problemas en el proceso han ido alimentado a los sectores opuestos a él»
Batasuna«También tiene una voluntad mayoritaria por avanzar en el proceso»
ETA«Ha ido elevando el listón de sus reivindicaciones y dificultando así que el resto pudiera entrar por ese aro»
Zapatero«Un proceso de paz no se basa sólo en buenas intenciones, hace falta algo más, y ahí ha habido cierta desorientación por parte del Gobierno»
Apuesta social«La mayoría de la sociedad apuesta por la no violencia y el diálogo»
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No violencia y diálogo sin exclusiones. Ésos son los principios básicos que reivindica el coordinador general de Lokarri Paul Ríos para hacer frente a la incertidumbre abierta después de que ETA hiciera estallar el pasado sábado una furgoneta bomba en el aeropuerto de Barajas. Porque «la apuesta por estos principios no es de unos pocos, sino de la inmensa mayoría de la sociedad vasca».
¿Cómo habría que interpretar el atentado de Barajas? ¿Es una demostración de fuerza o la expresión real de que ETA no está por el proceso?
Nosotros nos planteamos tres hipótesis. Una, la que nos viene a todos a la cabeza, es que ETA ha querido forzar el proceso, repetir un esquema muy parecido a lo que ocurrió en Irlanda del Norte, para tratar de forzar al Gobierno a dar determinados pasos. La segunda posibilidad que se nos ocurre es que ETA ha querido romper de hecho el proceso, pero no lo ha querido hacer de manera expresa, porque aparecería como culpable de la ruptura del mismo y eso tendría un coste social muy alto. La tercera posibilidad es que en ese inestable equilibrio interno que hay en ETA entre quienes querían continuar con el proceso y los que querían ponerle fin, han llegado a una solución de compromiso que es la de caer en esa dinámica que ya conocíamos de llevar a cabo atentados sin víctimas. Pero como ya decíamos cuando estaban en esta dinámica en el año 2005, por ejemplo, eso es jugar con fuego, nunca mejor dicho, y puede crear víctimas mortales. Y en este caso, parece haberlas, con lo que se coloca el proceso en una situación muy complicada.
Hay quien especula con que se trata de una actuación de una corriente minoritaria dentro de ETA que insiste en el uso de la violencia. Pero, de ser así, ¿no habría habido una condena explícita de Batasuna?
En un caso o en otro, si ha sido por una cuestión de problemas internos o por otras situaciones, es muy difícil que Batasuna pueda condenar un atentado de este tipo. Nosotros pensamos que durante estos meses, por todos los problemas que han ido surgiendo y también por la falta de perspectiva o la falta de planificación del Gobierno español, lo único que se ha conseguido es ir alimentando a aquellos sectores que estaban más radicalmente opuestos al proceso tal y como lo entendíamos la inmensa mayoría. Y esto ha ocurrido tanto a nivel del Estado como a nivel de ETA y de la izquierda abertzale. Creemos que, sobre todo alrededor del caso de Iñaki de Juana Chaos, se ha ido gestando una corriente de opinión muy crítica con la marcha del proceso de paz y probablemente eso ha tenido consecuencias a nivel interno dentro de ETA.
¿Y qué actitud se podría haber esperado de Batasuna ante ello?
Lo ideal habría sido que Batasuna no sé si condenara pero sí rechazara el atentado, con un pronunciamiento mucho más claro, porque si lo hubiera hecho habría sido una gran contribución al proceso. Pensamos que realmente en la izquierda abertzale no hay una marcha atrás. El dilema está claro: o volver a dinámicas del pasado y acabar en el aislamiento político y social más absoluto, o bien reafirmarse en esos principios por los que apostó en la declaración de Anoeta y trabajar entre todos para que se pueda buscar una solución. Ellos son, en principio, los que tienen que dar el paso y ver cuáles son los compromisos que se pueden adoptar para que esto realmente no se rompa.
¿Pero hasta que punto la izquierda abertzale es capaz de presionar a la organización armada para que se mantenga en la vía de la negociación?
Creo que eso no va a ocurrir en ningún caso. Pero pienso que en Batasuna sí hay una voluntad mayoritaria por avanzar en este proceso y seguramente también para ellos ha sido un golpe duro el que se haya producido este atentado.
Ahora por lo que tenemos que trabajar es, sobre todo, por alentar a quienes dentro de la izquierda abertzale quieren avanzar en esta vía de la no violencia y el diálogo y tratar de que la oportunidad no se pierda definitivamente y haya posibilidades para recomponer la situación. Pero lo cierto es que mientras una parte de ETA o la propia ETA siga pensando que la violencia es un instrumento con el que se puede presionar o conseguir ciertos planteamientos políticos, es difícil avanzar.
De hecho, ahí están las consecuencias del atentado.
Este atentado, aparte del sufrimiento y de una situación difícil en el proceso, supongo que en la gran mayoría de partidos políticos e instituciones lo que deja es una gran desconfianza acerca de las verdaderas intenciones de ETA. Y en futuros contactos, en el supuesto de que ETA se reafirmara en el alto el fuego, el Gobierno podría no tener claro hasta qué punto ese compromiso es firme y se puede mantener en el tiempo.
Y eso puede ser una limitación enorme.
El problema es que estos trenes pasan una vez en la vida, muchas veces cuesta mucho tiempo volver a poner las condiciones para que puedan volver a pasar y esto es algo que ETA olvida continuamente. Piensa que con estos atentados o volviendo a la violencia puede presionar al Gobierno, cuando realmente al Gobierno no se le presiona con este tipo de atentados, lo único que se consigue es que se eche atrás en una dinámica favorable al diálogo. Así, al final, al conjunto de la ciudadanía se le cercenan esas esperanzas que tenía en que realmente ésta era la oportunidad definitiva.
Al principio, así parecía. O, al menos, la mayoría nos las prometíamos muy felices, nos veíamos en un escenario de paz. ¿Qué es lo que ha fallado?
Lo que ha fallado son tres cosas, y sin buscar responsables adicionales. En primer lugar, ETA ha ido subiendo continuamente el listón de sus reivindicaciones: lo que transmitía en marzo, tanto en privado o por los canales que tuviera como de manera pública, era muy distinto a lo que ha ido transmitiendo en verano o en este otoño. Ha ido subiendo el listón de sus reivindicaciones, dificultando que el resto pudiera entrar por ese aro.
En segundo lugar, que el Gobierno español ha tenido mucha y seguramente buena voluntad para que el proceso avance, pero ha tenido muy poca planificación. Un proceso de paz no se basa solamente en voluntades, hace falta algo más, y creo que ahí ha habido una cierta desorientación por parte del Gobierno socialista en torno a cuáles son los pasos que hay que dar para avanzar en el proceso.
Y en tercer lugar, aunque no es achacable a los propios partidos, la dificultad que ha habido para alcanzar ese preacuerdo para formalizar la mesa de partidos, que ha sido un obstáculo que ha enturbiado la situación y que ha dificultado el que se pudiese consolidar el avance. Pero, aun diciendo esto, queremos dejar claro que aunque en algunos casos pueda haber habido inacción, falta de responsabilidad, de previsión... realmente quien ha puesto el proceso en una situación muy grave ha sido ETA y ella es la principal responsable.
¿Qué le han parecido las reacciones del conjunto de los partidos políticos?
Dentro de lo que cabe, han sido bastante comedidas para lo que habrían podido ser en otros momentos. Creo que nadie quiere que esta posibilidad se vaya al traste de forma definitiva.
¿Cómo se va hacia adelante en esta situación?
Yo creo que ahora lo fundamental es evitar que los puentes de diálogo que se han ido construyendo en estos últimos meses se derrumben completamente. Es conveniente reafirmarse más que nunca en unos principios básicos, en aquello que era válido en los peores momentos de nuestra historia, en el año 2001 o 2002, por ejemplo, cuando había mucha tensión, mucha crispación.
Si entonces eran válidos los principios de no violencia y diálogo sin exclusiones, ahora también son los valores que hay que defender y mantener con fuerza.
Y hay que hacerlo siendo conscientes de que la apuesta por ellos no es de unos pocos, sino de la inmensa mayoría de la sociedad vasca. No-sotros creemos que, por mucho que se quiera hacer oídos sordos a este grito casi unánime de nuestra sociedad y por mucho que ETA, o quien sea, no quiera ser consciente de ello, la sociedad vasca está ya en otro momento de su historia, de su convivencia y, de una manera o de otra, si mantenemos firmes esos principios, conseguiremos alcanzar la paz y una convivencia más pacífica y más democrática.
¿Qué puede hacer el arco político? ¿Deben el resto de partidos, los que no han sido los protagonistas en una y otra parte, tomar la iniciativa?
Los partidos políticos que han apostado por la no violencia y el diálogo sin exclusiones es importante que se mantengan en esa vía. Si hubiera un cambio de opinión, se estaría apostando por unas alternativas que ya están caducas, como el Pacto de Ajuria Enea. En este momento hay que transmitir que los partidos mantienen las mismas ideas que hace unos meses, que el único camino posible es el de la no violencia y el diálogo sin exclusiones y que, aunque ahora no hay ese escenario de no violencia ni las condiciones para hablar sin exclusiones sean claras, hay que mantener unos cauces de diálogo abiertos y seguir explorando en esa vía para que el proceso pueda avanzar. |