|
|
|
Carta rota
|
 |
|
José Serna Andrés
|
 |
Queridos reyes magos, soy uno de esos cerca de cien millones de niños y niñas que vivimos en la calle del mundo globalizado. No tenemos techo ni tienda de campaña para reivindicar una casa. Una gran parte de este número de niños y niñas tenemos familia, pero nos hemos marchado de casa porque la situación es muy mala, y de vez en cuando volvemos a ella para dejar allí unas monedas, algo de lo que hemos conseguido ganar con nuestro esfuerzo. Otros ni siquiera tenemos familia, o está tan rota como el alcohol, las palizas y los abusos a los que hemos escapado. Por la noche, cuando mucha gente se reúne en torno a la televisión que muestra escenas de lujo y de bienestar, nos reunimos en grupos, lejos de la gente mayor, y nos calentamos con unas pocas mantas viejas, con unos cartones, o con pegamento solvente que producen algunas multinacionales estadounidenses, pues al inhalarlo desaparece la sensación de hambre, frío y soledad.
No os lo vais a creer, queridos reyes magos, pero en algunos países molestamos tanto que algunos grupos de policías, o grupos protegidos por la policía, se dedican a cazarnos y hacernos desaparecer para quitar el problema de la calle. ¿Qué os parece? ¿Os gustaría que hiciesen lo mismo con personas de vuestra familia? Dicen que al menos un millón de chicas, y algunos chicos, de nuestra edad se utilizan para ganar dinero desde ese mundo oscuro de la prostitución y que otra cantidad no desdeñable forma parte del divertido turismo sexual de personas de occidente que da bastante dinero a quienes lo promueven.
¿A quién le importa todo esto, queridos reyes magos? Espero que, al menos, a vosotros. Dicen que traéis regalos por la noche, que os dejan algo de comida para los camellos en las casas y una copita para vosotros. A mí me gustaría estar espiando toda la noche a ver si os veo. Es más, sería capaz de tener una casa, aunque sólo fuera por una sola noche, para poder sacaros una foto y enseñársela a mis amigos. Pero ya entiendo que sólo vais donde los chicos y chicas que tienen casa. Es verdad. ¿Para qué habré escrito esta carta? No sé qué dirección poner. ¡Qué tontería! Os pasaríais de largo y nunca me ibais a encontrar, como no me encuentran otras personas.
A mí me gustaría que algún día, alguien mayor, a la hora de acostarme, me diese un beso y me dijese "hasta mañana, cariño". Pero ya lo veis, todavía no lo he conseguido. Así que no voy a tener más remedio que romper esta carta. Ha sido bonito mientras la escribía, pero ¡qué le vamos a hacer…! Quizás otro año, cuando ya sea mayor, si es que todavía vivo, o si mi cerebro aún se encuentra despierto porque dicen que eso del pegamento causa daños irreversibles, pueda seguir escribiendo esta carta desde una casa y mirar a alguien de mi familia colocando regalos misteriosos por la noche. Mientras tanto tendré que conformarme con mirar los trozos de esta carta rota… |
|