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Réquiem para la inteligencia
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Robert Scarcia
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"¡Muera la inteligencia!" le escupió en la cara Millán Astray, fundador de la Legión a Don Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca durante aquel sangriento verano de 1936. Dos episodios me han llamado potentemente la atención a finales del año que marca el 70 aniversario de aquel trágico acontecimiento y de la muerte de Unamuno. Y es que las siniestras palabras del general golpista se parecen a una oscura profecía.
La ejecución de Sadam Husein es mucho más que un clásico ahorcamiento colonial. El dictador iraquí ha sido matado en el "eid el adha", el día del sacrificio, la fecha más importante para los musulmanes, día en que los cabezas de familia sacrifican un cordero para celebrar el gesto de Abraham dispuesto a sacrificar a su hijo Ismael a Dios. Las autoridades que ahorcaron a Sadam dicen que querían hacerlo en un día cargado de simbolismo. El "eid el adha" marca también el fin de la temporada de romería de los musulmanes hacia la Meca. No se podía encontrar un día más simbólico... y no cabe duda de que los musulmanes suníes del mundo acabarán viendo en el dictador iraquí, que murió con una cuerda al cuello según parece rezando, un poderoso símbolo de martirio. Aunque no nos guste, más pronto que tarde Sadam Hussein se transformará en héroe para miles de árabes. Eso ya se veía venir: a finales del pasado mes de noviembre un sondeo iraquí reveló que sólo el 5% de los encuestados creía que las cosas iban mejor ahora que en el 2003, es decir antes de la invasión anglo-americana...
Además, la Alianza de Civilizaciones, aquella iniciativa de Rodríguez Zapatero que fue respaldada por las Naciones Unidas, ha perdido una batalla importante en la misma tierra ibérica en la que nació. El 24 de diciembre pasado, la Junta Islámica de España pidió permiso al papa Benedicto XVI para que los musulmanes pudiesen rezar en la antigua mezquita, ahora catedral de Córdoba, «en amor y convivencia con los cristianos... y para enterrar enfrentamientos pasados». Difícilmente se puede imaginar una propuesta mejor para dar cuerpo y sentido a la Alianza de Civilizaciones. Si la petición se analiza desde la perspectiva de la historia de Andalucía está claro hasta qué punto dicha petición era fundamental para sanar heridas, las ocasionadas, entre otras, un 24 de diciembre del año1568, día en el que se inició la sublevación de las Alpujarras, la rebelión de los moriscos andaluces en contra de un edicto de Felipe II que limitaba sus libertades religiosas.
Pues el obispo de Córdoba ha rechazado la petición porque «sólo generaría confusión en los fieles dando pie a la indiferencia religiosa...». Cabe preguntarse en qué mundo vive el obispo cuando cualquiera que haya puesto sus propios pies en los edificios consagrados sabe que hay más turistas que fieles en las iglesias de Europa... Pero tampoco sería justo culparle completamente al señor obispo de Córdoba: la petición para que los musulmanes del Estado pudiesen rezar en la catedral-mezquita de la antigua capital califal andaluza ya había sido presentada anteriormente al Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso que se celebró en Roma en 2004. Y el presidente de dicho consejo había contestado que la decisión era competencia del obispo... Poncio Pilatos hubiera dicho lo mismo.
Hace 70 años, al general que había condenado a muerte la inteligencia, Unamuno le contestó que "éste (la Universidad de Salamanca) era el templo de la inteligencia y que él (Don Miguel) era su supremo sacerdote". A pesar de las siete décadas que han transcurrido, la respuesta de Unamuno sigue siendo de actualidad. Hoy, más que nunca, es necesario defender la inteligencia y denunciar la estupidez convertida en sistema. En su "Homenaje a Catalunya", George Orwell, asqueado por la manera en la que su propio país, Inglaterra, traicionó a la Segunda República, escribía que la cuestión fundamental de la época era entender "si la clase dominante británica era mala o simplemente estúpida". La pregunta abierta de Orwell sigue siendo válida hoy, con la única diferencia de que se ha globalizado y debería de interpelar a la gran mayoría de las élites del mundo, no sólo a la británica: ¿Son malos o simplemente estúpidos? |
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