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El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, habló ayer en la T-4 de Barajas. Efe |
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«Mi determinación para alcanzar la paz es mayor tras el atentado»
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Evita de nuevo hablar de ruptura en el proceso de paz y se distancia de las posiciones del PP y del acercamiento a éstas que había hecho Rubalcaba El presidente Zapatero afirma en Barajas que nada ni nadie, «ni lo que hemos sufrido el día 30», detendrá su búsqueda de un futuro sin violencia
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Igor Camaño Bilbao
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TRAS CONOCER la apuesta del PNV por el diálogo y su rechazo al pacto antiterrorista como método de afrontar el futuro y la postura de Batasuna, la opinión pública, especialmente la vasca, aguardaba como mucha expectación dos pronunciamientos: el del presidente español y el de ETA. Zapatero sorprendió ayer con sus palabras en el aeropuerto de Barajas, adonde acudió a seguir las tareas de desescombro: «Desde el escenario de la destrucción, y muy pocos días después de ese atentado tan grave, quiero decir que la energía y la determinación que tengo para ver el fin de la violencia, para alcanzar la paz es aun hoy, si cabe, mucho mayor. Nada ni nadie, ni lo que hemos sufrido el día 30, va a detener el derecho de todos los españoles a que nuestras vidas sean unas vidas sin bombas y sin violencia. Tengo el firme convencimiento de que lo vamos a conseguir».
Su declaración, cargada de simbolismo por el lugar en el que la pronunció, se distancia de las posiciones del Partido Popular (Acebes pidió ayer vencedores y vencidos) y también de las que habían marcado con mucha contundencia en los últimos días Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior, y José Blanco, secretario de Organización del PSOE. Ambos manifestaron lo que exigía la formación de Rajoy: que el proceso de paz estaba roto y que no cabía negociación con la organización. La declaración de José Luis Rodríguez Zapatero se desmarca de esas posiciones y puede interpretarse como un resquicio abierto al diálogo, a seguir intentado colmar las aspiraciones de paz de la sociedad.
Si bien pudiera pensarse que el presidente español podría estar escaldado por la desautorización que ETA le hizo con el atentado (Zapatero aseguró el día anterior a la explosión que el proceso iba viento en popa y diez días antes verificó la supuesta intención del grupo armado de mantener la tregua), ayer demostró que, al menos de palabra, tiene fuerzas para seguir intentándolo: «Para ese objetivo, para el fin de la violencia y la paz, voy a poner lo mejor de mí mismo, toda mi determinación, toda la fuerza democrática que los ciudadanos me dieron en su día en las urnas. Puedo asegurarles que no me van a faltar ni energía ni determinación para lograrlo. Espero que para ese fin podamos contar, como quieren los españoles, con el concurso de todos los ciudadanos y de todas las fuerzas».
«Gesto valiente»
Las palabras de Zapatero motivaron el respaldo de partidos como ERC. Agustí Cerdà, portavoz del grupo parlamentario, las calificó como un gesto de valentía: «En caliente, con los familiares de la primera víctima que se ha encontrado en el lugar del brutal atentado de ETA, decir que la apuesta por la paz es una apuesta personal y política de su Gobierno. Me parece una apuesta valiente por parte del presidente del Gobierno», declaró a Europa Press. Cerdà animó al jefe del Ejecutivo a seguir en esa línea: «Puede contar efectivamente con nuestra energía para hacer todo lo que esté en nuestras manos para que la paz sea definitiva».
La dirección del Partido Popular volvió a criticar que Zapatero eludiera decir en la T-4 que el proceso de diálogo con ETA está roto. Fuentes consultadas por Europa Press indicaron que Zapatero ha perdido una nueva oportunidad de aclarar a los ciudadanos cuál es su verdadera posición tras el atentado de ETA, subrayando que no les sirve lo que diga el ministro del Interior u otros dirigentes socialistas. Más explícito fue Ángel Acebes: «Hay que volver a la política que acabe con ETA, que la derrote y que haya vencedores y vencidos. A esa organización sólo se le puede vencer utilizando todos los instrumentos que ofrece el Estado de Derecho, mediante la firme aplicación de la ley y la actuación policial».
En esa línea se manifestó también el socialista José Bono: «Lo único que veo y deseo cercano es la cárcel -opinó sobre un supuesto restablecimiento del diálogo con ETA-. Todo lo demás es una falta de respeto a los muertos. Siempre he dicho que tengo mas confianza en la Guardia Civil que en los amigos de los violentos, aunque sean obispos. Mi confianza de siempre, de antes y de ahora, está sobre todo en la Guardia Civil, en la Policía y en el CNI. Después del atentado de Barajas habría que enseñarles, seria y democráticamente, los dientes y que sepan que para negociar lo que deben hacer es tirar las armas y que se acerquen con las manos en alto. Si no lo hacen... que se atengan a las consecuencias».
Comunicado de ETA
Conocida la posición de Zapatero, la única que resta por fijar es la de ETA. La organización armada aún no ha emitido un comunicado en el que exponga las ‘‘razones’’ que le llevaron a romper su alto el fuego sin previo aviso. Todos los agentes políticos, y los ciudadanos de a pie, esperan con inquietud esa nota. El qué dirá y cómo argumentará su acción en la T-4 es una de las claves para explicar qué puede suceder en el futuro.
El presidente del Gobierno español, tal como advirtió después del robo de las pistolas, subrayó ayer en Madrid que hará todo lo posible por que los autores del atentado paguen sus hechos: «La Justicia, toda la Justicia, se hará cargo de los autores de esta barbarie que ha costado casi con seguridad dos vidas, que ha producido una destrucción muy notable. Son las reglas de un estado de derecho, las reglas de la democracia y de la ley. La justicia es un camino fundamental para la paz y el fin de la violencia», determinó Zapatero.
«El Gobierno no se intimida»
El mandatario socialista, por último, lanzó un mensaje a la organización armada y le avisó de que no conseguirá nada con el uso de la violencia: «Con este atentado criminal y atroz, ETA ha elegido el peor camino de los posibles. Nada va a conseguir, a nadie va a intimidar; la democracia no se intimida, ninguna de las instituciones democráticas se intimida. Y mucho menos, el Gobierno. Los españoles saben que ésta es una batalla dura. Y saben, además, que cuentan con la firme determinación de las instituciones del Estado de Derecho para ver el fin de la violencia». |
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