EL RITO del ruido se cumplió un año más en la regata de Malerreka y los ioaldunak de Ituren y Zubieta, con sus narrus, ttuntturros, isopos y enormes cencerros a la espalda, se echaron a las calles para anunciar a todo Euskal Herria que el tiempo de las carnestolendas está ya próximo.
Siguiendo un ritual centenario, el lunes fueron los de Zubieta los que cursaron visita a sus vecinos de Ituren. Ayer la fiesta se vivió en sentido inverso, con la participación activa también de siete parejas de ioaldunak del barrio intermedio de Aurtitz.
No faltaron los talos con chistorra y queso, las puxkak y los piperropiles. Los almuerzos en los dos pueblos se dilataron más de lo debido y la comitiva al completo no se inició en Zubieta hasta pasadas las 13,45 horas.
Al final fueron cincuenta los ioaldunak que deambularon por las faldas del monte Mendaur. La lluvia respetó la fiesta y todo transcurrió con un tiempo fresco pero soleado. Una de las pocas novedades fue el relevo en Zubieta de la figura del artzai. Después de varias décadas dedicado a esta misión, Pello Mutuberria cedió ayer los trastos y el testigo de la fiesta a Peio Elizalde.
Por lo que respecta a las carrozas rurales, la palma se la llevó una en la que varios caseros disfrazados a la vieja usanza evocaron al detalle el proceso de matanza del cerdo (matatxerri). |