Las frases «Ni siquiera hay acera, paso con el cochecito del niño y esto es un peligro» Arantza Puente Vecina de Zalla
«El tren y los coches le han pitado, pero él no les ha debido oír» Jesús María Acebes Testigo del accidente
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Un hombre de 76 años, E. L. G., falleció ayer en el municipio vizcaino de Zalla tras ser arrollado en un paso a nivel por un tren de Feve que se dirigía a Balmaseda. Al parecer, no escuchó las señales acústicas del maquinista cuando regresaba de dar el paseo matutino con la cuadrilla. Para cruzar la calzada, escogió el atajo de peatones diseñado entre los setos (que ocultan a la vista la circulación del tren) y que desemboca en la zona que queda entre las barreras de seguridad, bajadas en ese momento.
Jesús María Acebes, vecino del municipio y testigo del suceso, relató que «el tren pitó para alertarle, al igual que varios coches que estaban detenidos en el semáforo». Los avisos no sirvieron de nada y el tren golpeó al hombre, que quedó tendido al lado de las vías. «No sabía que hacer, y no hice nada. Le miraba y no respiraba y sólo me quedé allí, esperando a que llegara la ambulancia que había pedido un conductor». El susto fue «enorme», asegura Acebes.
A los diez minutos, según este testigo, llegaron los servicios sanitarios que se llevaron el cuerpo sin vida de E. L. G. La circulación no se cortó en ningún momento ya que, como explicaron desde Feve, «el cuerpo no quedó entre las vías, situación en la que requiere el corte del tráfico hasta que el juez ordena el levantamiento del cadáver». Por tanto, el convoy prosiguió su marcha hasta llegar a la estación, unos 300 metros más adelante.
La esposa del testigo, Arantza Puente, que salió a dar una vuelta con su marido cuando todavía andaba «con mal cuerpo», indicó tajante que «esto es una vergüenza». Acebes pudo observar todo el suceso porque venía caminando en dirección contraria al tren por la avenida que recorre el municipio cuando la víctima salió de entre los setos, a unos 100 metros de donde se encontraba el testigo. Los raíles cruzan transversalmente la calzada, que en ese tramo carece de acera, y se meten entre los arbustos cuando cruzan la calle en dirección Balmaseda.
«¡Paso con el cochecito del niño y es que ni siquiera hay acera!», continuaba quejándose Puente. «Una vez», recuerda, el cochecito de su hijo «se quedó trabado en la vía y no sé cómo lo logré quitar de una patada justo a tiempo». Otra vecina, Raquel Santiesteban, añadía que también es frecuente que se encallen los tacones de los zapatos.
En un recuento entre vecinos, los tres entrevistados sacaron números: «Tenemos tres pasos a nivel en Aranguren y otros tres en Zalla. Deberían soterrarlos todos». Otra pareja de vecinos, Isidoro Boatxea y María Ángeles Uriarte, indicaron que, «como mínimo», las señales deberían «hacer parar de una vez a los conductores y peatones». Todos reconocieron la «imprudencia» de la víctima, aunque la responsabilidad final se la adjudican a la compañía y al ayuntamiento por los riesgos que entraña el paso a nivel y su situación.
Medidas de emergencia
El maquinista del tren de cercanías 8.912, el encargado de realizar el recorrido entre Bilbao y Balmaseda en el momento del accidente, «accionó el freno de emergencia y pitó al observar la presencia del hombre en plena vía,» indicaron desde Feve. Aunque «éstas medidas de urgencia no impidieron el arrollamiento». En un comunicado de prensa, la compañía ferroviaria lamentó la muerte del hombre y se solidarizó «con el dolor de su familia y allegados».
Desde 2004, al menos cuatro personas han fallecido y una resultó herida grave en los pasos a nivel de la CAV. Dos de las víctimas eran niñas. Fallecieron en La Quadra y en la Ribera Alta. |