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La europa centrífuga
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"Si los tipos impositivos no suben y no hay recortes de servicios, los jóvenes estarán por la labor de votar a favor de la independencia. Estas circunstancias son comunes a todo proceso independentista"
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Iñaki Balsategi
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LA PARTICULAR coyuntura que siglos ha vivido la cercenada Euskal Herria provoca que, en los tres cuartos de sociedad vasca que es la CAV, Eusko Jaurlaritza/Gobierno vasco haga muy bien en promover periódicas tomas de temperatura al sentir de los vascos de este singular país con capital artificial en Vitoria-Gasteiz que es Euskadi (como canta Potato).
El caso es que las casi siempre reveladoras encuestas indican que el mapa socio-político de los tres territorios históricos evoluciona, de un modo lento pero seguro, hacia posturas autodeterministas, por una sencilla razón: los mayores, como en cualquier sociedad, suelen ser más proclives al conservadurismo y por ende a un mantenimiento del statu quo, mientras que la juventud es más rompedora, innovadora y aperturista. Y es precisamente esa juventud la que da el relevo generacional a sus mayores, por lo que son las posiciones juveniles las que, antes o después, se acaban imponiendo. Esta tendencia se aprecia bien a las claras ateniéndonos a los datos publicados por el Sociómetro, donde se refleja que el 74% de la juventud de Álava-Araba, Bizkaia y Gipuzkoa apuesta por la convocatoria de un referéndum de autodeterminación para decidir su futuro. Si a la independencia hacemos referencia, vemos que el 28% de la juventud de los tres territorios históricos está a favor de la misma, mientras que un 24% se posiciona en contra y un 34% lo estaría según las circunstancias. Y éstas hacen referencia al bolsillo de los ciudadanos de una u otra manera, es decir, a impuestos y servicios. Si estas dos circunstancias les resultan favorables, es decir, los tipos impositivos no suben y no hay recorte de servicios, entonces ese sector de población indeciso estará por la labor de votar a favor de la independencia. Y estas circunstancias son comunes a todo proceso independentista que se precie, ya sea vasco o escocés. Y ya que cito el caso escocés, y en el año el que se cumplen 300 años de su unión política a Inglaterra, resulta revelador cómo por aquellos lares también comienza a resquebrajarse dicha unión. Los bravos escoceses, herederos de William Wallace, disponen de un Parlamento Regional puesto en marcha por el Gobierno de Tony Blair, parlamento que fue aprobado en referéndum por el pueblo escocés el 11 de septiembre de 1997, y según recientes encuestas, están a favor de la independencia en un 54%, si ésta no afectara de un modo negativo a las dos características antes referidas: impuestos y servicios. El SNP escocés ha incluido en su programa electoral de cara a las elecciones del 3 de mayo la promesa de convocar un plebiscito de independencia si gana las elecciones al Parlamento Regional, aún cuando deba formar Gobierno de coalición, dado lo igualado de las fuerzas. El caso escocés puede ser un buen espejo en el que mirarnos, a pesar de que nuestro caso es más complicado por la tripartición territorial de que somos objeto (como también constituye buen ejemplo el caso quebecois y su Ley de Claridad).
Ahora bien, algo se mueve en el viejo continente cuando hasta el mismo diario británico ‘‘The Times’’, de indudable prestigio, se atrevió a aventurar a mediados de 2006 que la Europa actual va a diferir mucho de la de 2020, por mor de la creación de nuevos estados como la reunificada Irlanda, Escocia, Gales, Valonia, Flandes, Cataluña, Euskal Herria y varios más.
Y a quien esto le parezca una humorada, que espere sentado mientras todo se mueve a su alrededor. La Europa centrífuga está en marcha. |
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