Por tercera vez desde que llegara a Gasteiz, el actual presidente alavesista afrontó ayer una Junta de Accionistas al frente de la entidad. Y por tercera vez aprobó las cuentas del club. Es lo que tiene el 51%. En ese sentido, nada varió ayer en Villa Suso respecto a los dos años anteriores. Lo que sí cambió fue que, tras todo lo acontecido en torno a su controvertida figura en los últimos tiempos, ayer el rechazo, aunque simbólico, se dejó ver en la reunión anual para rendir cuentas de lo gastado y de preverlas para al ejercicio en curso. El máximo accionista albiazul llegó, con el retraso que en él es habitual, escoltado en el interior de un vehículo hasta la misma puerta del palacio gasteiztarra. Mientras tanto, un nutrido grupo de accionistas y aficionados, más de lo segundo que de lo primero, increparon al ucraniano y portaron carteles con el célebre «Dimitri kanpora». Fue la manera de mostrarle, una vez más, el rechazo a su gestión.
Fue una Junta de Accionistas más corta de lo que había sido norma en años precedentes y con más silbidos de desaprobación que el pasado año y hace dos. Claro que, para alguien que no atiende al rechazo social y que, como no podía ser de otra manera, aprueba sus números, tal circunstancia no parece importarle demasiado.
Porque, además de tener el 51% del club en su poder, la presencia de los accionistas minoritarios fue testimonial ayer. Dicho de otro modo, hubo 9.707 acciones representadas, con un 54,09% del total. Menos que el año pasado, lo que no deja de ser relevante teniendo en cuenta lo acontecido en los últimos doce meses, con el descenso del equipo a Segunda División y la crispación reinante en el club respecto a la gestión de su máximo accionista. La ausencia de los accionistas minoritarios con más títulos en su poder dejó en 9.155 los títulos que aprobaron tanto el balance económico de la pasada temporada como el presupuesto de la actual, y en sólo 552 las que pudieron hacer oposición a dichos números. El déficit declarado por la entidad, de un total de 956.554,47 euros, asciende, según los auditores, hasta los 2.300.000 euros, mientras que el presupuesto aprobado fue de un total de 12.380.000 euros. Toda vez que la aprobación de las cuentas no fue un elemento novedoso para nadie, sí lo fue el sonoro rechazo a las palabras del máximo accionista cuando, por poner un ejemplo, se refirió a los abonados del Barcelona para defender el importante descenso que su gestión generó en ese terreno el pasado verano.
Preguntas sin responder
El presidente alavesista eludió profundizar en los ruegos y preguntas formuladas por los presentes en la sala, que se refirieron a dos cuestiones. Uno de los accionistas le solicitó que pusiera precio a sus acciones, a lo que Piterman replicó que «esto no es una entrevista privada y aquí no hablo de mis asuntos privados. Además, valen lo que pagar por ellas y nadie quiere pagar nada».
El resto de asistentes a la Junta pidió reiteradas veces al presidente albiazul su salida de la entidad. El ucraniano, lejos de escuchar, se refirió a la ausencia «del otro 46%» del accionariado en la Junta de Accionistas.