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La pintura de Javier Soto tiene un planteamiento abierto. |
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Libertad expansiva
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pinturas de javier soto en basauri
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Xabier Sáenz de Gorbea Bilbao
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‘‘Euforia juvenil’’ es la irónica denominación dada por Javier Soto a su exposición en la Casa Torre de Ariz. Efectivamente, hay algo de ingenua y directa ilustración en su trabajo. El artista apuesta por una disponibilidad siempre a punto. Con vitalidad, pone en evidencia una estrategia que admite todo tipo de posibilidades. Así, lleva a cabo una expansión de propuestas y conscientes cambios de factura en cada obra. Una contaminación que se desplaza al mismo tiempo que va congelándose sobre el motivo.
La audacia de la práctica de Javier Soto no tiene otro límite que la propia realización pictórica. El resultado es un planteamiento expresivo cuyo desafío es libre y abierto. Una variabilidad que puede producir la sensación de balbuceo germinal. Lo mismo se acerca a paisajes con palmeras que ofrece la paradoja de colocar unos cuernos a una mancha que parece tener algo de platillo volante. Hurga en la expresión y emplea todos los resortes a su alcance. Lo exótico es apenas un esquemático atrezzo. No son evasivos apuntes frente a la monotonía, sino ácidos paraísos e incluso llamativos huecos que incitan a introducirse ásperamente. El color se convierte en superficie mineral o en líquido que ensucia la superficie. La composición es contundente, mientras que el dibujo es conciso y encierra a formas muy texturadas.
Metáfora y confesión
En un rincón de la sala representa a un avestruz que lleva la cabeza tapada. La metáfora parece ser una especie de confesión. Todos tenemos algo que nos impide saber y percibir. La imagen está tan desorientada como nosotros mismos. No hay complacencia sino la directa transformación de deseos, dudas y preguntas.
Todo es más o menos: El tema e incluso la factura de la obra. El artista pasa de la intimidad del pequeño formato a la gran superficie de la pintura mural. Realiza obras a las que hay que acercarse junto a otras que se aprecian desde lejos. Tiene en cuenta la globalidad y el fragmento, la impresión general y el detalle. La imagen surge liviana y sin embargo es el resultado de una pesada disposición de la materia.
Una de las paredes se ha pintado con letras blancas sobre fondo amarillo y está ocupada con una frase ininteligible: ‘‘euforifofofoegoarrro’’. Una estrategia entre aleatoria y sugerente que da sensaciones de zozobra y promueve la disquisición de lo ignoto.
Junto a los cuadros presenta tres esclarecedores libros de artista. Llevan por título ‘‘Sotoville’’, ‘‘Compras’’ y ‘‘El perfecto directo’’. Reúnen textos, dibujos e imágenes fotográficas. Aúnan referencias de aquí y allá, propias o ajenas. Aluden al sexo, la religión y la cotidianeidad. El artista puede partir de la obra de Jenny Saville o recurre a una imagen de Félix González-Torres. Una deriva trashumante que recoge diferentes frases, como ‘‘El amor es una cosa de vida o muerte’’, ‘‘En determinados momentos uno se siente importante’’, ‘‘Lo moderno es vivir’’. ‘‘Soy de los que confunden la ansiedad con la excitación’’, parece indicar en una de las páginas. Como Sísifo, sabe de lo imposible de su tarea, pero se ve obligado a llevarla a cabo. |
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