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Yasmina Khadra presentó ayer en Bilbao su libro ‘‘El Atentado’’. Zarrabeitia |
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«Sé que la verdad lleva consigo riesgos, pero no tengo ningún miedo»
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Yasmina Khadra, ex comandante del ejército argelino dejó las armas, «que provocan dolor y muerte» por la palabra que recoge en sus libros, con los que pretende que la gente reflexione sobre las injusticias que se cometen en algunos lugares del mundo.
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Sandra Atutxa Bilbao
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«A las personas hay que juzgarlas por lo que escriben, no por lo que dicen de ellas»
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Yasmina Khadra es el seudónimo del ex comandante argelino Mohamed. Actualmente vive en Francia, exiliado, desde que en febrero de 2001 decidiese romper su anonimato y revelar quién se escondía bajo este nombre de mujer. Un seudónimo que se ha visto obligado a utilizar para escapar de las iras y persecuciones tanto del régimen argelino como de los integristas islámicos, ya que en sus novelas denuncia la violencia irracional, la corrupción, la pobreza y el caso al que unos y otros han condenado a esa Argelia que un día fue ejemplo de la izquierda europea. Ayer, Mohamed visitó Bilbao por primera vez para presentar su nueva novela titulada ‘‘El Atentado’’.
¿Prefiere que le llame Yasmina o Mohamed?
Como quiera, pero mi nombre como escritor es Yasmina.
En realidad, ¿a quién pertenece el nombre de Yasmina Khadra?
Pertenece a mi esposa. La idea de coger un seudónimo partió de ella.
¿Qué le llevó a escribir en la clandestinidad?
Mi situación en el ejército. Empezaron a sospechar de mí. Yo quería escribir y no lo podía hacer. Mi mujer me dijo: ‘‘Sigue haciéndolo. No lo dejes. Lucha por lo que te gusta. Te presto mi nombre, al igual que tú me diste tu apellido’’. Así fue.
Dicen que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer. ¿Qué opina?
En mi caso, yo no soy un gran hombre, ella es una gran mujer.
Agradecido.
Cómo no. Eternamente.
Antes de desvelar su identidad hubo muchas especulaciones sobre quién era realmente.
Eso me han contado. Había quien pensaba que era un periodista, dado que muchos de ellos habían sido asesinados por intentar ejercer su profesión líbremente. También se pensó que podría ser un policía, ya que el protagonista de algunas de mis novelas es el comisario Llob. Hubo quién pensó que podía ser un político...
Al final, ni periodista, ni policía, ni político, sino militar.
Finalmente, comandante de las unidades especiales del ejército argelino. Estuve envuelto en múltiples combates contra las guerrillas integristas.
Con nueve años ingresó en una escuela militar.
Pertenecí treinta y seis años al ejército argelino.
¿Se deja de ser militar?
No. Yo no reniego de lo que he sido. Por ser militar no quiere decir que sea una mala persona. Lo que sí soy es un desertor mental. Pero sé que si no hubiera tenido ése pasado militar y ése uniforme, hubiera multiplicado por diez mi audiencia internacional. Pero eso no me ha impedido llegar a tres millones de lectores.
Juzgamos a las personas sin conocerlas.
Es muy habitual. Hay que juzgar a las personas a través de lo que escriben, y no a través de lo que se dicen de ellas. Lo triste de mi caso es que cuando estaba en el ejército me excluían porque me consideraban un intelectual. Ahora que estoy en el mundo de los intelectuales me excluyen porque he sido soldado.
Se siente escritor.
Yo nací para escribir. Pertenezco a una tribu del Sahara que es conocida por su pasión por la palabra, el verbo y la poesía. Que haya sido militar, y luego me haya dedicado a escribir no ha sido bien entendido. Cuando me presentan como militar, la gente piensa que soy un testigo. Soy ante todo escritor.
Puede parecer que defiende al ejército argelino.
Yo no he venido para defenderlo. Lo que he escrito en mis libros lo he ido avalando con los años.
Algunos pueden considerar que su clandestinidad puede tener que ver con una estrategia comercial.
No fue así. Fue una cuestión de supervivencia. En la guerra civil soterrada que vive Argelia desde hace más de diez años, en la que los muertos se cuentan a millares, los intelectuales no han escapado de esta locura asesina. Los que no buscaron el exilio han visto peligrar sus vidas o las han perdido.
¿Qué pretende lograr a través de sus libros?
Una reflexión sobre la injusticia que se padece en algunos lugares del mundo y los riesgos que corren quienes queremos contarlo. A través de mi nivel de cultural espero contribuir a serenar los espíritus del mundo occidental y oriental.
¿La palabra es la mejor de las armas?
Sin duda. Vivimos una crisis política consolidada por el desconocimiento. Los orientales desconocen la mentalidad occidental y no son capaces de diferenciar a los buenos occidentales de los políticos occidentales.
¿Tiene miedo?
¿Por qué?
Porque lo que cuenta, porque lo que dice no tiene por qué gustar a todo el mundo.
Si me diese miedo, no contaría lo que cuento. Tendría a mis espaldas a un par de guardaespaldas. ¿No crees?
Sentir miedo no es malo, ¿eh?
No digo que lo sea. Sé que la verdad supone riesgos, pero no pienso en los riesgos. ¿Para qué?
Ya, ¿pero merece la pena?
A veces pienso que no. Pero otras veces, cuando pienso en las 3.000 personas que me leen, me hago más fuerte y cojo fuerzas para continuar escribiendo. |
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