El ya veterano y famoso Cuarteto Guarneri (creado en 1964) visitó por quinta vez la Sdad. Filarmónica de Bilbao, el martes, con Mozart-Janacek- Beethoven. Un programa intenso, en teoría.
Inicio del concierto con una de las obras más personales de Mozart, el Cuarteto en Fa, KV. 590, último de los tres ‘‘prusianos’’ compuestos por el autor. La novedosa escritura (para la época) de los dos movimientos primeros está conectada asimismo con una atmósfera tan ardorosa como amarga, lo que en la versión del Cuarteto Guarneri no se llegó a sentir. Más adecuado al texto, también de trazo original, resultó la interpretación del Minueto-trío, así como del Allegro final, página más clásica y menos audaz que las tres anteriores.
El Cuarteto Guarneri continúa manteniendo muchas de las virtudes que le han otorgado fama, pero en el Cuarteto n. 1 ‘‘Sonata a Kreutzer’’ (título inspirado en la novela de Tolstoi) de Janacek se percibió una clara diferencia de volumen y tensión sonora entre viola-violonchelo y los dos violines. Cierto es que aquí aparecía mucho más expuesto el dramatismo de la obra que en la mozartiana, pero así como la viola hizo una loable labor en su ‘‘especial’’ papel protagonista, al igual que el violonchelo también destacó en su cometido, sin embargo el violín segundo no transmitió esa ‘‘cota más alta’’ que se le exige en el segundo movimiento. Al margen de estas excepciones, en general la interpretación sí que mantuvo el carácter trágico de la obra del músico checo.
Del Cuarteto n. 8, en mi menor, ‘‘Rasumovski’’, de Beethoven, puede referirse que, además de la inseguridad de la afinación, el segundo movimiento, el extensísimo y arrastrador Molto Adagio, cumbre de la obra, resultó un tanto monolítico. Sí es cierto que es una página meditativa, con atmósfera interior de paz, de cielo armónico, etc., pero a nuestro juicio no mostró vida, elemento también inserto en ella. La interpretación fue transcurriendo con un rasgo como si se tratara de música ‘‘de fondo’’: en definitiva, y para concluir, resultó un Beethoven excesivamente plácido. |