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Cuando los problemas son culturales, no tecnológicos
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Javier Elorriaga
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"Las empresas valen lo que valen sus personas y aún no nos hemos dado cuenta. Quienes gobiernan su negocio no actúan con este principio "
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Vivimos en una era donde todo se quiere solucionar a golpe de tecnología. Queremos resolver nuestros problemas empresariales con inversiones millonarias en sistemas. Pensamos que haciendo frente a estas inversiones nuestras organizaciones mutarán convirtiéndose en algo mejor, serán invencibles y nuestros beneficios serán vitalicios. Y así ya nunca más volveremos a sufrir momentos de crisis. El "Rey Sistemas" corregirá todos nuestros procesos y los alineará para ser más operativos y productivos. Por fin, un momento de paz. Ya no sufriremos en los consejos de administración a la hora de responder por nuestras organizaciones, ni sabremos lo que significa no cumplir con nuestros objetivos globales. ¿Es cierto esto? ¿De verdad ocurre así? Vaya por delante que las inversiones en tecnología son necesarias y nos ayudan cada día a ser más competitivos y, en muchos casos, mejoran notablemente nuestra productividad. Pero ¡ojo!, no hacen milagros, ni curan cosas para las que no están indicadas. Lo mismo que un escáner en el aeropuerto no pita cuando pasa una bufanda de lana, tampoco la tecnología corrige los malos comportamientos o hábitos de las personas, ni las hace más fuertes y competentes. ¿Qué ocurre cuando los problemas de una organización son culturales? Cuando se trata de personas, ¿podemos ofrecer soluciones tecnológicas a problemas culturales? Evidentemente la respuesta es no. Es como si quisiésemos unir el agua y el aceite. Todos sabemos que una no quiere saber nada del otro. No son compatibles. Existe un cementerio lleno de empresas que malgastaron sus arcas pensando que su problema era tecnológico, cuando era de personas. ¿Por qué los líderes de las compañías no abordan correctamente este problema? A estas alturas de mi vida profesional no me queda otra respuesta que ésta: no saben cómo hacerlo. Algunos líderes ni siquiera lo detectan; otros sí, pero como no saben abordarlo hacen cambios organizacionales para ocultar esa carencia a sus jefes, con lo que el problema es cada vez mayor. No me c abe ninguna duda de que este problema empresarial es más de los jefes y sus dirigentes y no tanto de los trabajadores. Es un problema de liderazgo, de falta de visión, de ausencia de sensibilidad. Es el momento de abandonar por un momento el "yo" para sentir el "nosotros". A veces, este colectivo está tan castigado que es normal que las empresas no levanten cabeza y se encuentren en pérdidas o no lleguen nunca a sus objetivos. Las empresas valen lo que valen sus personas y todavía no nos hemos dado cuenta. Hay compañías que predican que su mayor activo son las personas. Probablemente su fundador dejó en esta frase su mejor herencia; pero las personas que hoy gobiernan su negocio no actúan con este principio y por eso tenemos los problemas que tenemos. Esto no es otra cosa que una invitación a la reflexión sobre un problema cada vez más notable, que precisa nuevos líderes y nuevos recursos para resolverlo.
Javier Elorriaga, director Regional Zona Norte de Infojobs |
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