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La nueva coalición
REPRESENTANTES DE LAS formaciones políticas Ezker Batua y Aralar presentaron ayer la coalición electoral con la que concurrirán a los próximos comicios municipales y forales de mayo. Pese a que los dirigentes de ambos partidos se esforzaron en asegurar que la nueva oferta electoral no se presenta «contra nadie ni contra nada» ni viene a «sustituir» a nadie, es indudable que tiene lugar en un momento crucial en el escenario político vasco y en el que aún hay dudas razonables de si la izquierda abertzale oficial podrá estar presente en las elecciones, pese al desideratum de ayer de Otegi. En este contexto, la nueva coalición viene a pretender un hueco electoral ciertamente complicado y muy disputado por varias ofertas tanto desde el nacionalismo democrático como desde la izquierda.
UN SIMPLE VISTAZO a los ejes programáticos esbozados ayer por los representantes de EB y Aralar da idea de que la paz, los derechos humanos, la normalización, el diálogo y el derecho a decidir son las bases del acuerdo, junto a difusos guiños propios de la izquierda. Bases que, ciertamente, no son muy distantes de las que propugnan otras opciones históricas, fundamentalmente el PNV y ahora también en solitario EA, pero que luego hay que bajar al terreno real, a cada municipio y a cada territorio. Y es ahí donde surgen las dudas. Tanto Javier Madrazo como Jon Abril destacaron ayer que una de las virtudes de esta coalición es la unión «entre diferentes». Otra cosa será cómo conjugan en el día a día, pueblo a pueblo, los objetivos de un partido federalista proveniente de la izquierda tradicional (IU) y una formación aún muy reciente, independentista y sin experiencia institucional como Aralar. Esta nueva coalición deberá despejar aún muchas dudas y le queda la difícil tarea de convencer a los electores de que no se trata de una unión de mera supervivencia sino que detrás hay un proyecto sólido.
Vida laboral y familiar
CONCILIAR LA VIDA LABORAL con la familiar es un derecho cada vez más demandado en esta sociedad presa de sus propias contradicciones. El bienestar familiar gravita sobre unos ingresos que sólo llegan desde un mercado laboral convertido en selva, en el que impera la ley del más fuerte. El Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno vasco prepara el borrador de la Ley de Apoyo a la Familia en la que, entre otras medidas, se reducirá el periodo de excedencia por el cuidado de los hijos a cambio de alargar el dedicado a la reducción de jornada. La experiencia dice que la extensión al hombre de la posibilidad de pedir estas medidas de conciliación no ha tenido apenas éxito. Sólo el cinco por ciento de los padres de ha sumado a la iniciativa de las excedencias, por ejemplo. Por el contrario, para las madres dicho permiso supone demasiadas veces su salida efectiva de un mercado laboral que no perdona. Con la extensión de la posibilidad de acogerse a una reducción de jornada más larga en el tiempo, el Ejecutivo cree que facilitará la ansiada conciliación entre trabajo y familia. Es un paso interesante pero no debe ser el único. Los paupérrimos índices de natalidad en la CAV sólo se pueden corregir desde un cambio mucho más profundo y en bastantes más aspectos de la vida. |
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