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Complicada comunicación
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Antonio Álvarez Solís
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Un caballero vecino de Gernika, cuyo nombre omito por no estar autorizado para publicarlo, me escribe carta muy hermosamente crítica para censurar mi artículo sobre la última y escasa manifestación por la paz en Bilbao. Le han herido sobre todo las palabras en que digo: "La gente sale a la calle por defender objetivos de construcción nacional, no por algo tan elemental, limitado y confuso". Supongo que esa misma herida emocional la habrán sentido otros lectores por la frase descrita. Por ello es bueno que el escritor se explane acerca del espíritu que le ha empujado a decir cosa semejante, que mantengo. En primer lugar, comparto con mi corresponsal una cosa básica: que quienes participaron en la manifestación expresaron una voluntad hermosa en pro de la paz. Pero a ese reconocimiento por mi parte, he de añadir alguna cosa más. Valga la insistencia porque el tema es ardido. La paz, la bondad, la libertad o la justicia son ideas formales, un filósofo las identificaría como platónicas en cuanto son iluminadoras y propulsoras de la intención, mas han de hacerse realidad en forma concreta, traducirse a hechos en que manifiesten toda su potencialidad constituyente. Es algo así como hablar de Dios, el gran motor primero del universo, sin verle encarnado en la realidad cotidiana que constituímos todos. Permítame una audacia: hablar de Dios sin reconocerle en Cristo. Quería mi artículo poner de relieve, pues, que la gente no cabalga en la ola de la paz, tan hermosa y levantada, si no ve claro el contenido de esa paz, si no divisa claramente el camino de esa gran propuesta, si no la entiende en lo que pueda traerla. El mandamiento "no matarás" lo comulgamos todos en el recóndito secreto del alma, pero lo que nos conmueve es que nos digan quién mata, cómo mata y qué persigue con la herida última. Si no se hace así, se nos cita para hablar de lo tan excesivamente obvio que acaba produciendo una confusión aneja a la fatiga. Eso quería decir. |
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