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Las orillas del arroyo de Ontalvilla proponen un paraje de excepción. Fotos Santiago Yaniz Aramendia |
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Naturaleza monumental bajo la peña helguera naturaleza monumental bajo la peña helguera
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cueva de la cubilla.espolón calizo que sobresale sobre el río asón, escondiendo sus maravillas
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Santiago Yániz Aramendia
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Apenas un peñasco, apenas un lapiaz fracturado a la vista de los viajeros que transitan desde el ya no tan recóndito valle cántabro de Sámano hacia el del río Asón. Eso es Punta Peña o Peña Helguera, un espolón calizo que sobresale en el relieve del puerto pero esconde a la mirada sus maravillas. Las esconde a poniente donde en un agreste barranco abre las fauces que se tragan bajo tierra las aguas limpias del arroyo Ontalvilla para escupirlas un poco más lejos por otra cueva singular que ya habitaron los hombres de la prehistoria.
Todo esto tiene presencia en un entorno solitario y salvaje, escasamente conocido y muy poco distante de las nuevas urbanizaciones que cubren los antiguos pastos del valle de Sámano.
Y es precisamente este valle el que nos lleva de camino, rumbo a ese puerto de La Granja que es paso obligado para quienes viajan hacia Ampuero, casi siguiendo el recorrido que antiguos peregrinos efectuaban por este valle hacia Castro Urdiales. Dejando Sámano la ruta se encrespa entre lapiaces y enseguida se transforma en un camino de soledad entre rocas y encinares. Hay que viajar atento para localizar esa pista que se adentra en el valle de La Cubilla y seguirla escasamente para detenerse en lo que ahora es un lamentable vertedero.
Al costado del camino comienzan a abrirse sin desvelarse por completo las murallas de La Cubilla. Entonces se debe caminar un trecho corto, apenas medio kilómetro, para encontrar el sendero que desde esta pista forestal baja a la vera del arroyo de Ontalvilla. Es un sendero escarpado y pendiente pero muy breve y reposa enseguida en un mar de praderas salpicado de altos troncos. Entre ellos, en un paraje casi de paraíso, discurre muy suavemente el arroyo Ontalvilla.
Siguiendo sus orillas una discreta senda se ve obligada pronto a caminar entre grandes bloques de caliza desprendidos de una gigantesca bóveda y entre ellos, al pie de la muralla el río se esfuma bajo tierra. El viajero puede, dejando marchar al río, continuar sus pasos hasta el fondo de la cavidad, donde bóveda y tierra terminan por fundirse. Y preguntarse entonces por el río. Sabrá tras los interrogantes que el arroyo de Ontalvilla sale después de atravesar la montaña en la cavidad de La Lastrilla, caverna de varias bocas y grandes salas abiertas al exterior y que fue habitada por pintores que dejaron en ella sus obras.
Pero además el recorrido subterráneo de La Cubilla tuvo en ascuas durante años a los espeleólogos de Castro Urdiales. En una de las exploraciones llevadas a cabo para intentar desentrañar el recorrido de su cauce, toparon en 1989 con un gran embotellamiento de más de tres docenas de troncos acumulados unos cincuenta metros más altos que el nivel actual del río. Y tan antiguos que no se resistieron a preguntar a la ciencia que, mediante la datación en Carbono 14, precisó una fecha para el depósito en torno a 1245. La inundación que debió llevarlos hasta allí convirtió seguramente la depresión de La Cubilla en una fantástica laguna temporal. Impresionante.
Si quieres terminar de desentrañar los secretos del Ontalvilla viaja de regreso hasta el barrio de La Lastrilla. Y busca allí a pie de ruta la desviación indicada que lleva a las últimas casas próximas al abrigo prehistórico. Una pista y luego un sendero que debe atravesar la cerca de un prado te dejarán sobre la desembocadura del arroyo y ante las verjas que cierran el paso a las cavidades. Tres niveles para las bocas oscuras de caliza que dibujan puentes en el interior. En las entrañas, inaccesibles a los inexpertos, quedan hasta 25 kilómetros de galerías que se estiran hasta discurrir bajo Guriezo, quizás hasta debajo del mar. Además de la conexión con La Cubilla esta cueva tiene otra boca conocida como El Jabalí y se mantiene activa drenando todo el sistema kárstico. Tan interesante que se ha calificado el sistema como Bien de Interés Cultural, por la naturaleza escondida pero también por los nueve paneles de pinturas y grabados con signos, manos y animales. No es la única porque vestigios prehistóricos en la zona abundan como en la cueva de Juan Gómez en el mismo término, o en la Grande, Los Corrales o Vidruécano de Santillán. |
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