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El cocinero Aitor Calvete, en el txoko de Maruri-Jatabe. J. M. Martínez |
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«El truco estáen el amor; en cuánto le eches»
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Aitor Calvete, cocinero de profesión, surfistaen su tiempo libre, imparte un curso en Maruri
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Ainhoa Gondra Maruri-Jatabe
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«Se tiene la idea de que cocinar lleva horas. ¡Sino hay que contemplar las alubias! Se hacen solas»
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Ensalada fría, pollo al chilindrón y arroz con leche al aroma de vainilla es el primer menú que han aprendido a elaborar esta semana los 36 alumnos del curso de cocina básica que imparte el cocinero Aitor Calvete Zahorano en el txoko municipal de Maruri-Jatabe. Mientras convence de que cocinar no es mucho más difícil que abrir uno de esos sobres preparados de ‘‘Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como’’, enseña a elaborar unas oportunas tostadas de carnaval.
Si le parece, preparemos unas tostadas de carnaval mientras charlamos.
Bien. Reservamos una barra de pan del día anterior y empezamos a elaborar una leche aromatizada con cáscara de naranja, de limón, vainilla y canela.
¿Cuántas clases hay que completar hasta llegar a estas tostadas?
Es un postre bien sencillo. De hecho, lo enseño en este curso. Es un curso de iniciación orientado tanto a gente que vive sola y no sabe cocinar, como a gente que sabe lo justo y quiere reciclarse, porque siempre se aprende algo nuevo.
¿El perfil de sus alumnos?
Hay de todo: hombres y mujeres, jóvenes y más mayores, gente de veintitantos que sale de casa de ama y no tiene ni idea de cocinar, otros de cuarenta y pico que quieren aprender algo más...
¿Con qué material hay que asistir a su clase? ¿Enseña, primero, cómo hacer una compra en condiciones?
Las compras para las clases las hago yo y, sí, generalmente, se hace muy mal la compra y se tira mucho de chucherías, de cosas prescindibles que encarecen.
Es que hay poco tiempo... ¿Cómo siguen las tostadas?
Lo del tiempo es relativo, pero, primero, vamos con las tostadas. Una vez hecha la leche aromatizada, cogemos las rebanadas de pan y las vamos empapando en este caldo. Luego se pasan por harina y huevo y... a la sartén.
Decía, que la cocina no es tan lenta.
Claro que no. Se tiene la idea equivocada de que para preparar algo debes pasar horas y horas en la cocina y no es así. Unas alubias se hacen solas. No hay que estar contemplándolas dos horas. El truco está en el amor y en el cariño; en cuánto le eches.
A ver si es cierto. Noche de cena especial y quiero sorprender a alguien cocinando algo rápido y rico.
Una merluza con kokotxas y almejas.
Nada, super sencillo.
¡Qué! Es una salsa verde, que lleva veinte minutos, echarle los ingredientes y dejarlo otros diez.
¿Y para quitarme los restos de olores?
No te frotes las manos después de trocear los ajos, las pones directamente bajo el grifo y te aplicas zumo de limón.
A juzgar por la cantidad de programas de televisión y publicaciones, diría que la gente se anima cada vez más.
Bueno, un poco más. Seguimos muy influenciados por la comida rápida yanqui y por unos ritmos de trabajo que no nos dan demasiado margen. Si a esto le unes esa idea que se tiene de que la cocina es lenta...
Bueno, está de moda.
Cuando vas a un restaurante, ya no sólo importa lo que comes sino quién te lo prepara.
Las tostadas. ¿Las acompañamos de algo?
Se espolvorean con azúcar y canela en polvo. Yo las suelo acompañar, por ejemplo, de natillas. No ha sido tan difícil, ¿no? |
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