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Tres empleados en una de las sucursales que las cajas tenían en 1946 en Bermeo. Fotos cedidas por BBK |
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La Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Bilbao y la Caja de Ahorros Vizcaina, que en 1990 se fusionaron como Bilbao Bizkaia Kutxa, poseen un amplio historial de inversiones en obras sociales que permanecen en la memoria de muchos clientes y, no clientes, beneficiados.
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Una hucha centenaria
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BBKcelebra un siglo de actividad financiera y de acción social que ha beneficiado a miles de vizcainos, los cuales han tenido a la caja como referente para sus ahorros Durante décadas, las Cajas de Ahorros asumieron las funciones de un inexistente Estado del Bienestar
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Unai Muñoz Bilbao
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Decenas de niños, en una parada en Amorebieta en 1945, en medio de una excursión cuyo destino era las colonías de Pedernales.
El pasado 3 de febrero de 1907 se cumplió exactamente un siglo de la apertura de la primera sucursal de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Bilbao (CAMB). Situada junto al puente de San Antón, esta entidad, nacida por iniciativa del Ayuntamiento bilbaino para combatir la usura y favorecer el ahorro de las clases menos agraciadas, supuso un revulsivo y ejemplo. Tanto que, en 1920 y con el patrocinio de la Diputación Foral de Bizkaia, nacía con los mismos objetivos la Caja de Ahorros Vizcaina (CAV) .
Ha pasado un siglo del nacimiento de estas entidades vizcainas, ahora englobadas en BBK -tras su fusión en 1990-, y como en todas las cajas de ahorros, las obras sociales han sido una de sus prioridades a lo largo de los años. Bilbao Bizkaia Kutxa, que en la actualidad cuenta con 385 oficinas, casi un millón de clientes y unos beneficios en 2006 de 251 millones de euros, ha heredado un protagonismo en obra social muy arraigado desde los comienzos de las Cajas vizcainas.
A principios del siglo XX, una parte considerable de los bilbainos dependía de las casas de préstamo y usura, que cobraban tipos de interés desorbitados (de hasta el 60%). Para frenar esta dependencia, la CAMB impulsó empeños en el Monte de Piedad de alhajas, ropas, muebles y colchones. Asimismo, el primer préstamo gremial se otorgó a las vendedoras de pescado, que hasta entonces pagaban a los usureros 50 céntimos de peseta al día por cada cinco pesetas prestadas (un interés del 3.650%).
La Caja de Ahorros Municipal, además de cuadrar sus cuentas, buscaba la estabilidad de las clases menos favorecidas y por esto nacen las ‘‘huchas del pequeño ahorro’’ y la libreta del recién nacido. Y antes de 1920, la Caja Municipal ya había concedido créditos y préstamos a las corporaciones municipales para financiar la construcción de diversas obras de infraestructuras: mercados, mataderos, lavaderos municipales, proyectos de abastecimiento de aguas y de alcantarillado y la construcción de escuelas urbanas y de barriada.
Desde los años veinte del siglo pasado, las Cajas de Ahorros vizcainas asumieron las funciones de un inexistente Estado del bienestar y durante los años que duró el franquismo suplieron sus grandes insuficiencias. Entre sus prioridades siempre estuvo presente la tarea de facilitar el acceso a la vivienda de la población, sobre todo de los menos favorecidos.
Durante los años veinte y treinta, ésto se vio reflejado en el apoyo a las cooperativas de viviendas y a la política de construcción de casas baratas de las instituciones públicas. Solokoetxe, Torre Urizar o el ensanche de Bilbao fueron algunos de los lugares en los que los bilbainos pudieron disfrutar de alquileres asequibles para sus bolsillos. Entre 1940 y 1970 la población del territorio histórico se multiplicó por dos. Este aumento dispara la demanda de pisos y de otras infraestructuras. Aparece el chabolismo y el hacinamiento y las dos Cajas de Ahorros vizcainas tienen que tomar el timón para suplir las carencias de la Administración.
Suplir las carencias
Durante el franquismo, las dos Cajas vizcainas asumieron muchas de las funciones y servicios sociales que el Estado totalitario no era capaz de dar en materias como educación, sanidad o asistencia social. Pero a partir de 1977, la equiparación de estas entidades con las privadas obligó a una readaptación de la obra social, esclava ahora de la rentabilidad económica y la solvencia. Algo extrapolable a lo que ocurre hoy en día.
La Caja de Ahorros Municipal de Bilbao y la Caja de Ahorros Vizcaina, así como BBK, potenciaron su actuación en otros sectores, como el cultural y deportivo. Asimismo, protagonizaron nuevos patrocinios destinados a segmentos concretos de población, con el objetivo de combatir situaciones de marginación social en diferentes colectivos, como discapacitados, desempleados e inmigrantes.
El gasto en obra social por persona protagonizado por las Cajas de Ahorros de Bizkaia experimentó un retroceso durante los años de la posguerra, para crecer de manera espectacular hasta el fin del franquismo. Tras el fuerte descenso experimentado a principios de la década de los ochenta, desde 1985 hasta nuestros días el gasto por persona ha crecido de forma continuada (en el año 2000 era de 36 euros). |
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