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Paella de mala educación
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Enrique Santarén
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TODAVÍA ME RECHINAN los dientes cada vez que veo la imagen denterosa y casposa del anterior presidente del Gobierno español, reciclado ahora a ideólogo conspirativo, profesor universitario y magnate televisivo. ¡Ah!, y de vez en cuando se le sube a la chepa a don Mariano Rajoy y da hasta conferencias apasionantes donde dice cosas indescriptibles. Tan nobles y dignas ocupaciones deberían hacer disfrutar a su figura y a sus ideas de un natural acomodo en las páginas más sesudas de la prensa internacional. Quiá. El de más a la derecha del trío de las Azores acaba de aparecer en el "Washington Post", uno de los referentes clásicos de la prensa norteamericana. No busquen en las páginas de política, ni de economía, ni de cultura, ni de ciencia, ni de universidad. Su hueco para la historia está en ecos de sociedad, y además en tono crítico. Resulta que "Ansar" convocó a un buen número de pudientes de Washington para degustar una "paella a la Aznar", que ya son ganas de juguetear con la armas de destrucción masiva. El hombre se percató de que había algunos periodistas e hizo mutis por el foro, o sea, que se largó por donde había venido -de Georgestown, sería- y dejó al personal que se comiera el menú pero sin poder acompañarlo de su insuperable presencia. "Aznar no, pero mucha paella", titulaba el "Post". Dicen que aparecer como un maleducado que deja plantados a sus invitados -aunque en realidad eran ellos los "paganinis" de la comilona- en los ecos de sociedad de un medio tan influyente es un duro golpe para la imagen de Aznar. No me lo creo. Lo que no dice la crónica es qué diablos llevaba la ‘paella a la Aznar’. Lo pienso y un escalofrío me recorre todo el cuerpo. |
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