|
|
|
Carnaval, te quiero
|
 |
|
Enrique Santarén
|
 |
|
SALVO A ALGÚN amigo enamorado de la etnografía, a nadie le importa ya el origen del Carnaval. Para qué. Hoy, origen y final, medios y fines, se confunden o se ignoran, dicho en el doble sentido de la palabra que admite -pese a muchos- el diccionario. Don Carnal y Doña Cuaresma no tienen ya mucho sentido y el Carnaval se toma como un momento más para la fiesta -o para lo que se entiende como fiesta-, con disfraz o sin disfraz. La fiesta consigue hermanar a los diferentes, porque los confunde, como la noche. Ya lo cantaba Serrat en su "Fiesta": "Hoy el noble y el villano/el prohombre y el gusano/bailan y se dan la mano/sin importarles la facha./Juntos los encuentra el sol/a la sombra de un farol/empapados en alcohol/magreando a una muchacha". Claro que con la misma velocidad que une, la fiesta también separa: "Y con la resaca a cuestas/vuelve el pobre a su pobreza/vuelve el rico a su riqueza/y el señor cura a sus misas./Se despertó el bien y el mal/la zorra pobre al portal/la zorra rica al rosal/y el avaro a las divisas". Antes, disfrazarse y salir de fiesta tenía su motivo, a menudo inconsciente. Ahora se llevan otros disfraces. Yo, si me quedara alguna gana de fiesta -que no- me disfrazaría de conspirador, que tiene su intríngulis. Hay conspiradores que elaboran teorías conspirativas para destruir la evidencia de una teoría de la conspiración. No sé si me explico. Es el disfraz del «me acusan de que yo digo que ETA está involucrada en el 11-M, pero no, yo sólo pido que se sepa la verdad». Bonito "mozorro". Pero dura lo que dura un Carnaval, y luego lo tendrán que meter al armario aunque, eso sí, para sacarlo año tras año. Por suerte, después de la fiesta, siempre viene la resaca. |
|