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El olvido forzado del trebiñu autodeterminado
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Javier Ruiz
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Hace unos días me llamó Iñaki, un vizcaino que sigue de cerca el contencioso trebiñés, alarmado porque llevaba mucho tiempo sin escuchar nada sobre el asunto de nuestro contencioso en los medios de comunicación. Le expliqué cómo la población trebiñesa que vivió de forma activa, con gran ilusión la evolución de la consulta popular de 1998, estaba ahora desanimada, totalmente decepcionada y pesimista sobre la resolución del contencioso, tras el portazo de todas las instituciones (incluidas las alavesas y las vascas), a su demostración de saber resolver un problema político y territorial de una manera dialogada y pacífica. También le expliqué que desde hace casi diez años ha habido un cambio sociológico radical en el enclave. La construcción de más de 700 nuevas viviendas ha traído al enclave no menos de 800 nuevos empadronamientos y el envejecimiento de la población endógena y su cambio de empadronamiento por diferentes motivos han reducido la población originaria del enclave en casi 200 personas. Además le dije que ahora estábamos más expuestos que nunca a los riesgos de la especulación del suelo, del urbanismo, de los negocios sucios, porque cuando más nos olvidan menos defensas tenemos. La población trebiñesa se ha autodeterminado en muchas ocasiones a lo largo de casi cuatro siglos. Las dos últimas en 1980 y en 1998, cumpliendo todas las liturgias exigidas en el dogma del Estado de Derecho que es la nueva religión social de nuestros días. A partir del 8 de marzo de 1998 cayó sobre el contencioso trebiñés la maldición del silencio, de la paralización, del archivo, de los apoyos dialécticos vacíos de contenidos prácticos. Porque el ejemplo del proceso de resolución del contencioso trebiñés no podía cundir. No podían permitir tanta demostración de racionalidad, de contundencia democrática, de transparencia. No podían permitir que se escenificara el derecho de autodeterminación aún a escala tan reducida. Lo cortaron por lo sano. Fueron acciones simultáneas, sin coordinación, porque tenían intereses comunes. Lo llevaron a cabo en Castilla, en Burgos, en Araba, en Euskal Herria y allá donde pudieron impedir que se extendiera la experiencia. Sus acciones han obtenido los resultados que perseguían. Desánimo de la población, desmembramiento del movimiento social organizado, desaparición de colectivos como Uda-Trebiñu, disgregación de los contenidos de las candidaturas electorales pro-integración, olvido y congelación. Para muestra dos botones. Recientemente se ha editado el libro "El Pueblo Vasco, hoy" de un conocido catedrático de la EHU-UPV, en el que no aparece ni una referencia de Trebiñu y en el que además en el único grafismo del territorio el enclave trebiñés está representado por un triste agujero. Otra muestra de ese olvido es la ponencia sobre Trebiñu que el Parlamento de Gasteiz decidió poner en marcha el 22 de febrero del pasado año. Fue una decisión atípicamente unánime. Una sola sesión de constitución en la que decidieron que tenían que volver a reunirse. Siguen sin reunirse y ninguno de los grupos parlamentarios lo ha exigido. La responsabilidad de que este contencioso esté congelado se reparte entre la propia población del enclave, las instituciones de Castilla, Burgos, Euskadi y Araba. Desde luego que no todas las responsabilidades son iguales. Pero desde el 8 de marzo de 1998 la mayor responsabilidad de que este contencioso continúe congelado es de las instituciones alavesas y vascas. Claro que son las instituciones de Castilla y Burgos las que mantienen la imposición abusando de su poder, pero es a las instituciones alavesas y vascas a las que les corresponde y pueden desarrollar las iniciativas para el diálogo por la integración administrativa de la población del enclave en Araba. A la población trebiñesa nos toca la responsabilidad de seguir exigiendo lo razonable, denunciando públicamente las consecuencias que para nuestros derechos, libertades y vida cotidiana acarrea la imposición de una situación administrativa que rechazamos. En eso estamos.
Javier Ruiz, miembro de la Iniciativa Trebiñu Batu |
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