|
|
|
Comunicación popular boliviana y proceso de paz vasco
|
|
Xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps xlps
|
 |
|
Robert Scarcia
|
 |
En el análisis de un acontecimiento dado, la distancia es un arma de doble rasero: por una parte, permite ver las cosas claramente y sin influencias; por otra, te puedes perder unos detalles importantes visibles sólo desde cerca. Visto desde la distancia de un centro de asesoramiento multidisciplinario de Cochabamba en Bolivia, donde estoy actualmente trabajando, una reciente iniciativa política del País Vasco me llamó mucho la atención.
Me refiero al acuerdo para constituir una red de comunicación entre la Asociación de Municipios Vascos (Eudel), Lehendakaritza, el grupo universitario Parte Hartuz y la propia Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Parece tratarse de una iniciativa para implicar directamente a la sociedad vasca en la consecución de la paz. La iniciativa me llamó la atención porque me parecía una versión vasca de lo que los bolivianos de las organizaciones que luchan para el cambio social en Bolivia llaman "comunicación popular".
En una entrevista que tuve recientemente con Sixto Icuña, coordinador del Departamento de apoyo a organizaciones sociales del centro Vicente Cañas, en Cochabamba, el mismo Icuña me dio una definición de la "comunicación popular" en términos que podrían interpelar directamente a los actores de la iniciativa vasca en cuestión: "comunicación popular" es participación ciudadana para la transformación de la realidad.
En la práctica, se trata de montar iniciativas comunicativas con el objetivo de romper la dicotomía entre emisor y receptor en la comunicación para que se instale un diálogo mutuo entre ambos. Concretamente eso supone un diálogo constante con, por ejemplo en el caso específico del Centro Vicente Cañas, las asociaciones de vecinos de los barrios difíciles de la zona sur de Cochabamba, y una fuerte dosis de coordinación entre comunicadores populares y asociaciones vecinales. Normalmente al identificar un problema, los comunicadores populares llegan al barrio con megáfono y magnetófono, dan la palabra a los vecinos y registran las quejas y las propuestas de solución del problema.
Según lo que pude constatar andando por los barrios de la periferia urbana de Cochabamba, la "comunicación popular" ha conseguido, a pesar de dificultades objetivas, mejorar notablemente la vida de los habitantes. Y eso, a menudo a pesar de las amenazas y de la violencia. En 2005, por ejemplo, gracias a la dinámica social y política que ha surgido de la comunicación popular, se logró cerrar un "lenocinio" (burdel) cuya presencia estaba envenenando la vida de un barrio entero.
Pensando a las condiciones estructurales vascas, pregunté a Icuña, hijo de campesinos aymara que emigró a Cochabamba desde el altiplano boliviano, qué haría con sus compañeros "comunicadores populares" si pudiera disponer de recursos tecnológicos y económicos parecidos a los de que disponen las sociedades (como la vasca) europeas. Se quedó un rato en silencio reflexionando y me contestó que «en la comunicación popular lo material es tal vez menos imprescindible que la conciencia política y cívica...».
A propósito de espíritu cívico y de conciencia política, unos días después tuve la oportunidad de distribuir "volantes" (octavillas) en uno de esos barrios difíciles de la zona sur de Cochabamba. De repente me di cuenta que hacía más de 20 años desde la última vez que yo había distribuido octavillas, casi no me acordaba de ese episodio de mis años estudiantiles, pero sí me acordaba que en el "norte" del mundo es corriente que la gente tire las octavillas directamente a la basura a veces incluso sin leerlas. Aquí, al contrario, la gente te las pide y los vehículos se paran para poderlos leer... Ese interés concreto, esas ganas de participar en lo social y lo político que compruebo aquí, me parece la más profunda victoria de años de esfuerzo por parte de los comunicadores populares.
Como he tratado de explicar en otras ocasiones en este mismo espacio, la relación entre el norte y el sur del mundo debería de ser entendida como una oportunidad de enriquecerse mutuamente. El día que algo parecido al espíritu de la comunicación popular boliviana cuaje en el País Vasco, el camino hacia la paz será menos largo, menos duro y menos difícil. |
|