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Kosovo, un proyecto de interés para Europa
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X. Estévez y J.L. Orella
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Martti Ahtisaari, enviado especial de la ONU para Kosovo presentó el viernes 26 de enero de 2007 su visión de futuro para la provincia serbia. Fuentes europeas consideran que este proyecto conduce a una soberanía vigilada del territorio. El informe ha sido presentado ante la sede de la Misión de Naciones Unidas en Pristina (MINUK) y en Belgrado. La palabra "independencia" no aparece en el informe entregado por Ahtisaari a los seis países del grupo de contacto (Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, EE.UU. y Rusia). Los ministros de Exteriores de la OTAN, reunidos en Bruselas, manifestaron su pleno apoyo a Ahtisaari, mientras que Rusia, tradicional valedora de Serbia, recibió el plan con frialdad. El emisario de Naciones Unidas presentó sus ideas a los representantes del Grupo de Contacto en Viena. El informe presenta un detallado paquete de medidas y explica la futura organización del territorio, pero no da título definitivo al proyecto, por considerar que corresponde al Consejo de Seguridad de la ONU determinar cuál debe ser el estatuto final del territorio kosovar. La piedra angular del plan es el establecimiento de una presencia internacional, que garantice la seguridad, y concede una amplia autonomía a la minoría serbia (alrededor de 100.000 personas dentro de una población que ronda los dos millones) que tiene su principal ciudad en Mitrovica Norte. El plan crea siete municipios serbios con gran capacidad de autogobierno y protege el nutrido legado histórico y cultural serbio en Kosovo, territorio que es la cuna de la nación serbia. Los serbios de Kosovo tendrán derecho a solicitar la doble nacionalidad y podrán mantener especiales vínculos económicos con Belgrado. A cambio de estas atribuciones a la minoría serbia, se concede a Kosovo no sólo el tener bandera propia, himno y símbolos nacionales, sino la capacidad de firmar acuerdos internacionales y solicitar el ingreso en organizaciones del mismo carácter. Otorga, además, a la futura Administración la asunción de los activos y pasivos de Serbia en el territorio. También dibuja la creación de una fuerza militar de unos 2.500 hombres, dotada de armamento ligero. Sin hablar de independencia, sin conceder soberanía ni asignar fronteras propias, la organización prevista por el emisario de la ONU hace pensar en una cuasi independencia. Estas concesiones, sin embargo, no traspasan la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de la ONU adoptada en 1999 en cuanto que no se reparte el territorio kosovar, no se obliga a la separación de la parte serbia al norte del río Ibar y en cuanto que se conservan intocables las fronteras de los estados nacionales. Es al fin y al cabo una solución de convivencia al problema enquistado entre los serbios y los albaneses. El plan estará bajo el amparo del despliegue, por tiempo indefinido, de la KFOR, la fuerza de la OTAN para Kosovo, ahora mismo integrada por unos 15.000 soldados, de los que 650 son españoles. Amén del contingente militar, la futura tutela internacional tendrá una vertiente política a cuyo frente se hallará un representante de la UE y de una componente de seguridad civil, también bajo responsabilidad de la UE, que ahora se estima en unos 1.400 efectivos. El plan fue presentado a los ministros de Exteriores de la OTAN, quienes optaron por la máxima cautela. La consigna común fue expresada por el secretario general de la Alianza, Jaap de Hoop Scheffer: «Hemos apoyado, apoyamos y vamos a seguir apoyando a Martti Ahtisaari». Ahtisaari hará oficialmente público su plan en este mes para luego presentarlo a las autoridades de Belgrado y Prístina, a las que alentará a discutirlo entre sí, con el fin de ajustar el documento a las potenciales sugerencias y elevar la propuesta definitiva al Consejo de Seguridad a mediados de marzo. Rusia, miembro del Grupo de Contacto y con derecho al veto en el Consejo de Seguridad, reaccionó con fría cautela y pidió que no se actuara con precipitación y se esperara a la formación del gobierno en Belgrado antes de acudir al Consejo de Seguridad. Más aún, Serguei Ivanov, responsable de defensa de Rusia en las reuniones de Sevilla, afirmaba que con esta propuesta se abría la caja de Pandora para otras regiones en igualdad de circunstancias y se refería específicamente al País Vasco. Le respondió el ministro español de defensa. Alonso, que la asimilación del Kosovo al País Vasco era una alusión «completamente carente de sentido». Sin embargo, esta fórmula es novedosa y abre un camino geopolítico dentro de la Unión Europea para todos los pueblos que son nación y que no se les puede conceder el ser estado nacional. Es en efecto llevar a la práctica la reclamación de Rusia al tema de Kosovo cuando afirmaba su oposición a una salida que no refleje un acuerdo fundamentado en principios universales susceptibles de ser aplicados a conflictos similares. En concreto, resolvería el problema geopolítico de otros pueblos como Cataluña, País Vasco, Galicia, Osetia del Sur, Abjazia de Georgia, Transdniéster de Rumania, Südtirol o Alto Adigio de Italia que son regiones europeas que encontrarían su pacificación si se les aplicara esta fórmula política presentada para Kosovo, en el caso de que los ciudadanos de estos países la aceptaran y decidieran aplicarla. Y probablemente esta misma propuesta sería la que mejor aceptarían los olvidados de España y acosados por Marruecos, los habitantes del Sahara Occidental. Pero la respuesta precipitada y nerviosa del ministro de Defensa español al envite de Serguei Ivanov va en consonancia con la postura tibia de España y de Zapatero, cuando se ha hablado del proceso de autodeterminación del Sahara Occidental. Varios hechos lo confirman. En primer lugar, la respuesta que dio el presidente del Gobierno español en julio del 2002 , cuando afirmaba «la autodeterminación no hace más felices a los pueblos». Igualmente con ocasión de ordenar a su representante ante la Asamblea General de la ONU en otoño del 2006 que se abstuviera ante las resoluciones que propugnaban la autodeterminación del Sahara. Y últimamente, el 7 de febrero, cuando Zapatero ha recibido a los colaboradores del rey de Marruecos, Mohamed VI, que le presentaron un plan de Autonomía a la española para el Sahara Occidental. Hay muchos pueblos de Europa que necesitan el reconocimiento de su propia personalidad política y que, tras siglos de conflicto, sólo podrán compartir instituciones con los Estados nacionales que los enclaustran, en una Europa unida.
Firman este artículo Xosé Estévez, historiador, y José Luis Orella Unzué, catedrático senior de Universidad |
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