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La Casilla se vistió con sus mejores galas para recibir por primera vez al Bruesa Gipuzkoa Basket en un derbi en el que la emoción estuvo muy por encima del buen juego. |
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Ambiente de infarto
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Salgado sentencia con un triple un partido malo, pero cargado de emoción
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Javier Núñez Bilbao
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Autoridades Davalillo y Santos compartieron palco con el alcalde de Donostia, Odón Elorza
Disfraces Pocos, pero originales los que se vieron en La Casilla en Sábado de Carnaval
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Tuvo que ser él. El de casa, el de Bilbao. El base de Santutxu, "chocolate blanco" como le denomina el "speaker" de La Casilla. Tuvo que ser Javi Salgado quien pusiera la guinda a un partido con un juego malo, pero que se compensó con la emoción e intensidad con la que se vivió tanto en la pista como en las gradas. Era la primera visita del Bruesa a La Casilla, un derbi inédito y a su vez determinante entre dos equipos que buscaban un triunfo que les diera cierta dosis de tranquilidad. Si en el choque de la primera vuelta Illunbe disfrutó de lo que era el debut del cuadro guipuzcoano en la ACB, ayer La Casilla, más pequeña, más recogida, pero con más sabor de lo que significa la máxima categoría, vibró con un choque igualado, emocionante y sin un claro dominador hasta los segundos finales.
En el palco presidencial, más calmados por aquello del protocolo, los dos presidentes, Miguel Santos del lado visitante, y Xabier Jon Davalillo, ejerciendo de anfitrión, departían con los representantes institucionales. Hasta Bilbao llegó el alcalde de Donostia, Odón Elorza, que estaba sentado a la izquierda de Jon Aritz Bengoetxea, concejal de Juventud y Deportes del ayuntamiento de Bilbao.
Era "Sábado de Carnaval", pero lo cierto es que no se vieron muchos disfraces en La Casilla. La gente estaba disfrada de angustia, la que iba trasmitiendo el marcador con una tremenda igualdad desde el salto inicial.
Los pocos, pero animosos seguidores del Bruesa, situados en el "gallinero" del vetusto pabellón bilbaino, se dejaron oír y sentir. Con gritos de "Bruesa, Bruesa" picaban a la afición local que respondía espoleada por el agijón de sus "vecinos". Era un duelo por todo lo alto aderezado con "recuedos" para el trío arbitral, sobre todo cuando pitaron una técnica a Fisac o cuando dieronpor buena un triple de Ricardo Uriz cuando se habían agotado losa 24 segundos de posesión de los donostiarras.
Los últimos segundos fueron de los que tópicamente se denominan de infarto. El Bruesa, |
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