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Los suizos Marvulli y Risi levantan los brazos tras llevarse el triunfo final en las Seis Horas de Euskadi. Nagore Iraola |
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Los incansables
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Risi y Marvulli cumplen los pronósticos y triunfan en las Seis Horas de Euskadi
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Alain Laiseka Donostia
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Tres años de silencio, dos ediciones mudas, quedaron atrás, en el olvido, a las 15.00 horas. Puntual, como estaba previsto, las Seis Horas de Euskadi salieron de su letargo al compás de las primeras notas de la charanga Los Incansables. Como Bruno Risi y Franco Marvulli. Incansables también. Inasequibles al desánimo, a la debilidad, a la derrota. La pareja suiza sumó ayer en Anoeta su sexta victoria de la temporada de pista -juntos han dominado en Zúrich, Sttutgart, Maastrich, Copenhague y Hasselt- y acumulan ya entre ambos cinco triunfos en el velódromo donostiarra: tres Risi (1995,1999 y 2001), una Marvulli (2004) y la de ayer, la primera que comparten. Incansables.
La primera americana de treinta minutos, la primera bocanada, el primer calentón de la tarde-noche, marcó el devenir de las Seis Horas. Puso la cadencia, el ritmo a seguir. Y el tempo, preciso, estuvo en poder de los suizos. Inevitable. De quién si no. Tic-tac. Marvulli y Risi. El péndulo y el cuco. Fuerza desbordante el primero, una bestia en bicicleta; un genio el segundo, el arquitecto de la victoria. Una pareja compensada: el maestro golpeador. Risi apunta y Marvulli dispara. Infalibles.
Los favoritos para el triunfo salieron del primer envite en cabeza. Golpe moral. Como pensando: el que da primero da dos veces… Lo mismo se les debió de pasar por la cabeza a las parejas vascas, sencillamente brillantes en el primer asalto. Pero fue insuficiente para salir en cabeza de la primera americana, que dejó al frente a los inevitables Risi y Marvulli seguidos de Astarloza-Llaneras, Curuchet-Pérez, Keisse-Villa y los sorprendentes Azkue-Azinzar. Todos ellos con vuelta ganada sobre el resto de parejas.
La prueba de Keirin, que se anotó de manera brillante el guipuzcoano Javier Azkue, no cambió nada en la cabeza de la prueba. Seguía comandada por la pareja suiza. Pero la segunda americana, también de treinta minutos, les pasó factura. Sus rivales, con Astarloza y Llaneras a la cabeza, se conjuraron para parar el péndulo y callar al cuco. ¿Cómo? Abriendo fuego. A discreción. Atacando. Uno detrás de otro. Primero la conexión vasco-mallorquina, luego Curuchet y Pérez y, casi sin dar respiro a la fatiga, Keisse y Villa. A la salida de la segunda americana, las Seis Horas eran cosa de esas cuatro parejas. Con todo por decidir, el reloj suizo comenzó a atrasarse. Empezó a fallar el mecanismo. Y tras la prueba de eliminación habían cedido la cabeza a Keisse y Villa, que tenían un punto de ventaja sobre Astarloza y Llaneras, seis sobre los suizos y diez sobre los argentinos. Todos en la misma vuelta.
Un gesto: un golpe al aire con el puño cerrado. Marvulli, el péndulo, volviendo a coger ritmo. Achicando agua en el último sprint de la prueba de puntuación. Minimizando el daño, la brecha de ocho puntos que podía haber abierto la pareja Llaneras-Astarloza, que al final se quedó en tres. Un golpe al aire como diciendo "seguimos vivos". Sí, pero pendidos de un hilo. Muy fino. A ocho puntos del vasco y el mallorquín a falta de la última americana, a la que se llegó con cuatro parejas en un pañuelo. Las cuatro con opciones: Llaneras-Astarloza, Curuchet-Pérez, Keisse-Villa y Risi-Marvulli.
Lección magistral
La última americana, la decisiva, comenzó sin control. Nervios a flor de piel sobre el anillo de Anoeta. Las Seis Horas de Euskadi en juego en 45 minutos. Emoción embotellada. Sólo faltaba descorcharla. Risi y Marvulli encontraron el sacacorchos a veinte minutos para el final. Comenzaron a maquinar su remontada. Primero un golpe suave: ataque antes del primer sprint para hacerse con los puntos y acercarse a Astarloza y Llaneras. Objetivo cumplido. Luego, otro ligero toque; más puntos para quedarse a tan solo uno de ellos. Y, sin descanso, el mazazo. El corchó saltó por los aires. La espuma se desparramó. Los suizos volvían a atacar pensando ya en sentenciar las Seis Horas. Del primer envite se cayeron del podio Keisse y Villa, que perdieron vuelta y aspiraciones al triunfo, y, de paso, Marvulli y Risi sumaban más puntos para adelantar en la clasificación a Astarloza y Llaneras y Curuchet y Pérez. Con cinco puntos de ventaja, todo quedó para el último sprint. Llaneras no se rindió. Se lo debía a Gálvez. Atacó a cuatro vueltas para ganar, pero se encontró con la respuesta de Risi, que se llevó el sprint final ante Curuchet y se anotó, brazo en alto, su cuarto triunfo en Anoeta. Lo dicho, incansables, él y Marvulli. |
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