UN TOTAL de 10.000 millones de dólares (7.614 millones de euros) procedentes de las arcas gubernamentales de Estados Unidos y destinados a la reconstrucción de Irak, se han perdido en recargos y gastos no justificados llevados a cabo por las distintas empresas contratistas, según revelan los datos presentados por una auditoría.
La responsabilidad de esta mala gestión del dinero público norteamericano recaería, según los responsables de la Oficina de Control del Gobierno, en el Pentágono y del Departamento de Estado que de manera reiterada permitieron retrasos en los trabajos emprendidos, incremento de los precios presupuestados y en algunos casos el pago de obras no ejecutadas.
Hasta ahora la auditoría, ordenada por un comité de la Cámara de Representantes, se ha ocupado únicamente de los 57 mil millones teóricamente etiquetados para tareas de reconstrucción en el país ocupado, pero está pendiente el examen de los 300.000 millones que el gobierno de George W. Bush ha gastado en Irak desde que inició la agresión contra ese país, en marzo de 2003. Según el legislador Henry Waxman, presidente del Comité para el Control y Reforma del Gobierno, los desvíos podrían revelarse mucho mayores.
De ser exactas las cifras de la Oficina de Control uno de cada seis dólares empleados fue empleado de forma fraudulenta.
Los investigadores señalaron que no ha existido ningún tipo de control respecto a las contratas por lo que recomendaron que el Pentágono reconsidere su dependencia en los contratistas externos. De los 10.000 millones de dólares fraudulentos, Halliburton, empresa anteriormente dirigida por el vicepresidente, Dick Cheney, es responsable de algo más del 25% de los mismos.
Desde antes de que las primeras bombas estadounidenses cayeran sobre Bagdad, los medios informativos daban cuenta de los esfuerzos entre diversas firmas del mundo anglosajón por los jugosos contratos que propiciaba la agresión bélica. En esa puja no sólo participaban las entidades fabricantes y distribuidoras de armamento, sino también empresas de los ramos de la construcción, las telecomunicaciones y los transportes, entre otras.
Un amplio sector de la opinión pública mundial tiene claro, desde hace cuatro años, que las motivaciones reales de la guerra que en ese entonces preparaba la Casa Blanca no tenían que ver con la eliminación de armas de destrucción masiva. |