AHOTSAK ECHÓ a andar como un proyecto ilusionante en el que mujeres de sensibilidades políticas dispares trataban de acordar un modelo de convivencia que sirviese de ejemplo para Euskadi. Llegó el atentado de Barajas y, con él, un punto de inflexión en el colectivo -no había tenido que enfrentarse a la condena de una acción terrorista-. Hoy, mes y medio después de la acción de ETA, el colectivo se reúne en Donostia para debatir el futuro que le espera.
Las mujeres de Ahotsak van a abordar la nueva situación creada tras el comunicado emitido el jueves pasado y las diferencias internas derivadas del atentado. Todo empezó cuando el secretario de Organización del PSE-EE, Rodolfo Ares, las criticó por no condenarlo. Su compañera de partido Gemma Zabaleta le replicó que «Ahotsak no tenía que pasar ninguna prueba del algodón», y añadió que la postura del colectivo ante la violencia era «clarísima». Zabaleta espetó a su compañero de partido y a todos los agentes que dejasen trabajar a Ahotsak para «intentar lograr una posición común respecto a la violencia de ETA».
Días más tarde, desde la Secretaría de la Mujer de EB pedían el inicio de un debate «amplio, sincero y sin tutelajes externos» y que finalizase en una «condena explícita del atentado de ETA por parte de Ahotsak». En opinión de Isabel López Aulestia y de Julia Madrazo debía darse una «condena explícita» para «garantizar la credibilidad del colectivo». También añadieron que era el «momento de abrir un periodo de reflexión» y constataron que «para ser agentes activos de paz es preciso dejar claro que la violencia no tiene espacio». Lo que EB tenía claro es que «no se podía actuar como si el atentado de Barajas no hubiera ocurrido».
Días mas tarde, el presidente del EBB del PNV, mostró su desilusión porque «ante el asesinato de dos seres humanos no caben los ejercicios semánticos y de lenguaje. A veces, las ambigüedades calculadas son necesarias en política para tejer complicidades, pero, cuando se ha puesto una bomba y se ha asesinado a dos personas, no sirve una respuesta en términos de ‘‘unos creemos que sí y otros creemos que no’’. Si no es capaz de dar una respuesta clara ante esos asesinatos, ¿para qué vale Ahotsak?», preguntaba Imaz.
A principios de febrero, el colectivo de mujeres avanzó un paso más en sus principios fundacionales y reclamó en un documento suscrito el miércoles 7 de dicho mes, "la necesidad" de reconstruir un proceso de paz "sin víctimas, sin amenazas, sin atentados, sin bombas y sin vulneración de derechos humanos y libertades".
Salto cualitativo
La plataforma daba un salto cualitativo para acallar aquellas voces que criticaban que Ahotsak «seguía los postulados de Batasuna y ETA». Añadieron en el documento que "no" debía haber posibilidad de que "ninguna de las partes en conflicto" pudiera "tener la tentación de tutelar la consecución de la paz o utilizarla en beneficio propio".
Tras el comunicado, se supo que dentro de Ahotsak habían surgido las primeras discrepancias. En primer lugar, mujeres de la izquierda abertzale -con Goirizelaia a la cabeza- se desmarcaron del texto, que inicialmente era más explícito en su rechazo a la vía armada, pese a que la abogada lo corrigió de su puño y letra. Sin embargo, la letrada mahaikide mostró su «sorpresa» y «malestar» porque se dio a conocer el texto que «muchas de las firmantes ni siquiera lo conocían».
Esta semana, la secretaria del EBB del PNV, Josune Ariztondo, ha insistido en que el colectivo Ahotsak debe ser dirigido desde el ámbito social, por mujeres que no estén en «primera línea política», con el fin de «salvar» su continuidad. «Sería bueno que personas que no sean referencia política tomen las riendas del colectivo», dijo.
Hoy será el día en que se verá qué actitud toma el colectivo de mujeres ante este intenso mes y medio. Hoy, más que nunca, Ahotsak tiene la voz. |