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22-02-2007
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A mí sí me importa el cambio climático
Ibon Galarraga
Leo con interés la entrevista al Diputado de Medio Ambiente de Bizkaia (DEIA, 19-02-2007) y no puedo evitar cierto estupor. Estupor porque cuestiona la influencia antropogénica del cambio climático después de que los mejores científicos del mundo agrupados en el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), y tras analizar cuidadosamente toda la evidencia existente, hayan dejado fuera de toda duda razonable la incidencia del ser humano en la transformación del clima.

Estupor porque pretende restar importancia a un problema que, a escala global, tiene tintes dramáticos en numerosos países, especialmente en aquellos más desfavorecidos. El cambio climático está ocurriendo, "claro que lo hay, lo ha habido y siempre lo habrá", sentencia el señor Diputado en su entrevista. Pero lo que soslaya es que esos cambios se están produciendo a mayor velocidad y con una intensidad probablemente mucho mayor, aunque este último extremo no pueda ser demostrado fehacientemente hasta dentro de muchos años, tras analizar largas series temporales de las que ahora no disponemos. Lo que el señor diputado además obvia es que las concentraciones de CO2 son muy superiores a las que se han registrado en otros periodos cálidos y que la correlación entre los niveles de CO2 y los incrementos de temperatura es indiscutible.

Pero no sólo esto. Como él bien sabe, la política de lucha contra el cambio climático se basa en dos tipos de acciones: las de adaptación, es decir, las políticas diseñadas para minimizar los impactos asociados al cambio climático (aumento de la inundabilidad debido a la variabilidad del régimen de lluvias, sequías, aumento del nivel del mar, pérdidas de biodiversidad y otros; y las de mitigación, esto es, aquellas encaminadas a reducir las emisiones de CO2. Las primeras se justifican sobradamente, incluso en el supuesto de que se cuestione el factor antropogénico de estos cambios; y las segundas se corresponden con políticas de consumo racional y sostenible de la energía (eficiencia, ahorro, etc.), agua y otros recursos, una gestión adecuada del transporte y la movilidad… en definitiva, con políticas que contribuyen a la protección efectiva del medio ambiente.

Por lo tanto, aun aceptando a efectos puramente dialécticos -e, insisto, en contra de las evidencias que el IPCC ha puesto sobre la mesa- que pudiera cuestionarse el papel del ser humano en la escala del calentamiento global que estamos observando, actuar ahora significaría tan sólo estar diseñando una política ambiental y energética adecuada, racional y sostenible. Mientras que si el factor antropogénico del cambio climático se ratifica y efectivamente la actividad humana está acelerando y agravando seriamente el problema -tal y como mantienen los científicos- y no actuamos, el coste económico, ambiental y social al que nos enfrentaremos puede ser gigante, inasumible. No, quizá, para el señor diputado, pero sí para el resto de la Humanidad y, no lo olvidemos, para las generaciones futuras.

Su opinión respecto al agujero de la capa de ozono también sorprende, no creo que el Nobel Mario Molina (uno de los tres premiados por su descubrimiento) coincida con él. Creo que olvida el llamado Protocolo de Montreal que permitió reducciones increíbles en emisiones de CFC y otros gases, y que fue, a juicio de muchos, el principal responsable de la incipiente recuperación de la capa de ozono que los científicos vienen observando.

El cambio climático nos obliga a planificar con mayores niveles de incertidumbre, a aplicar el principio de precaución que debe regir las políticas públicas, a tratar de anticiparnos a la aceleración de los cambios y a sus efectos. En otras palabras, a estar preparados. No poder predecir a escala local los efectos de este cambio o incluso el hecho de no contar con información meteorológica suficiente para demostrar el cambio climático a nivel local no significa que no esté ocurriendo. No nos equivoquemos. Y, sobre todo, no equivoquemos a la opinión pública.

Por eso a mí, y al Departamento al que pertenezco, sí que nos preocupa el cambio climático. Es más, nos preocupa mucho que al señor diputado de Medio Ambiente de Bizkaia no le preocupe. Catastrofismo no señor Madariaga, en eso coincido con usted, pero preocupación sí. Porque no preocuparse por el cambio climático, por sus efectos y por cómo hacerle frente eficazmente es científicamente injustificable y políticamente irresponsable.

Ibon Galarraga, viceconsejero de Medio Ambiente del Gobierno vasco y doctor en Economía Ambiental
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