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¡Achtung!: Hable bien
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Antonio Álvarez Solís
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Hablar bien no consiste sólo en la exactitud de los términos sino en la conveniencia de los mismos. Hablar bien es hablar con moderación, con respeto al que escucha, con ejemplaridad, con cierta altura de intención. Si estamos de acuerdo, sigo. Hace unos días oí al empresario Sr. Fernández Tapias referirse a su dinero con absoluta satisfacción, ya que le permitía comprar lo que deseaba, aunque no llegara a realizar la compra. Dijo a don Jesús Quintero que tener dinero era la mayor satisfacción posible en este mundo. Me dejó triste. Veo a diario a mucha gente pegada a los cristales de los escaparates soñando con la posesión de artículos que no tendrán jamás de no tocarles la lotería. Esta situación ha de entristecerles. Yo procuro no mirar esos escaparates y me concentro, sobre todo, en los containers callejeros, donde siempre es posible arrampiñar un orinal de época, un estante de librería reparable o alguna caja bonita para meter las cosas que uno va arracimando a través de los años en algún rincón de la vivienda. Pero hay gente que ha de contentarse con el top-manta mientras el Sr. Fernández Tapias construye barcos inmensos y puede adquirir una casa en las Barbados con sólo extraer la tarjeta platino, como las rubias que también puede adquirir. Bueno, pues tras enfrentarme a la magnificencia del naviero -que antes eran otra cosa, quizá porque los sindicalistas también eran otra cosa- el presidente de BBVA anuncia que su entidad adquirirá unas docenas más de Bancos en América a fin de redondear esos beneficios de los que el Sr. González participa suculentamente. Es más, para seguir comprando Bancos abandonará las inversiones industriales, que son las que hacen crecer el mundo, y se dedicará únicamente a las financieras, que es como jugar al Monopoly entre ricos y contarlo además a quienes regresamos a casa con la ilusión de haber encontrado una lámpara casi entera entre el cascote de la reforma del piso vecino. |
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