 |
|
|
 |
La mayoría de las personas que sufren este trastorno neurológico del tratamiento está sin diagnosticar. Archivo |
|
|
TELEVISIÓN
|
|
|
|
|
|
|
El síndrome de las piernas inquietas
|
|
Un 5% de la población del estado sufre este trastorno neurológico del movimiento caracterizado por la necesidad irresistible de mover las piernas. en el estado el 80% de los enfermos están sin diagnosticar
|
 |
|
Nekane Lauzirika
|
 |
LA ASOCIACIÓN Española de Pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas (AESPI) contribuye desde su creación, hace 20 meses, al aumento del número de diagnósticos de la enfermedad.
Según Arturo Avilés, presidente de AESPI, «teniendo en cuenta que solamente tenemos 20 meses de vida y el gran desconocimiento que existe de esta patología tanto por la sociedad como el por colectivo médico, estamos muy satisfechos de la creación de la asociación y de contar ya con 180 asociados. El balance de estos meses desde la creación de la Asociación ha sido muy positivo ya que indudablemente estamos contribuyendo a informar sobre la patología y por tanto a incrementar el número de diagnósticos de la enfermedad».
La página www.aespi.net se ha convertido en uno de los ejes centrales de la Asociación. A través de ella, se puede acceder a todo de tipo de información general de la enfermedad y se puede establecer y mantener relaciones con otros centros de carácter similar, tanto en el ámbito nacional como internacional.
Un 5% de la población del Estado padece SPI, un trastorno neurológico del movimiento caracterizado por la necesidad irresistible de mover las piernas y por sensaciones molestas y desagradables en las extremidades inferiores. Estas sensaciones descritas por los pacientes como sacudidas, picores, hormigueo o golpeteo se producen principalmente durante la noche o periodo de reposo. Los afectados por este síndrome sufren además las consecuencias de un mal diagnóstico. En el Estado el 80% está sin diagnosticar.
El SPI puede llegar a afectar a la calidad de vida de los pacientes, ya que impide conciliar o mantener el sueño y produce síntomas sensitivos desagradables cuando el paciente se relaja. La privación crónica del sueño puede influir negativamente en la capacidad de concentración y de trabajo, así como en otras actividades de la vida cotidiana, desde conducir a disfrutar del tiempo libre.
El desconocimiento de la enfermedad genera diagnósticos erróneos y se suele confundir con otras afecciones como enfermedades reumáticas, vasculopatías periféricas, estrés o depresión. Aunque aún no se conoce la causa principal de este síndrome, existen indicios que apuntan a que su origen puede estar relacionado con anomalías en el sistema dopaminérgico central del cerebro.
Investigadores han llegado a la conclusión de que el SPI a menudo se da entre varios miembros de una familia. Cualquier persona tiene riesgo de desarrollarlo. La edad de aparición es variable, pudiendo presentarse también en la infancia. Entre un tercio y dos quintas partes de los pacientes que sufren un síndrome severo experimentan los primeros síntomas antes de los 20 años de edad, aunque el diagnóstico suele producirse mucho más tarde.
Se ha sugerido la existencia de un componente genético en el caso de SPI idiopático. Los datos clínicos demuestran que existe un historial familiar positivo por este trastorno en hasta el 50% de los individuos afectados. |
|