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El PP bloquea el CGPJ
EL PARTIDO POPULAR sigue aplicando en la práctica su muy particular concepción de la democracia y primando su interminable sed de ocupar la Moncloa a cualquier signo de responsabilidad con las instituciones. El partido de los Rajoy, Zaplana y Acebes lleva ya varios meses aplicando un bloqueo absoluto a la elección de los nuevos integrantes del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), cuyo mandato de cinco años expiró después del verano pasado. La elección de sus miembros, según la ley, ha de hacerse por mayoría de los tres quintos del Parlamento español, lo que históricamente ha obligado al partido en el gobierno a pactar con el principal partido de la oposición. Así se han elegido hasta ahora a los 20 vocales que lo componen. Hasta que han llegado los nuevos gestores "populares" y han roto ese pacto no escrito.
EL ÚLTIMO MOVIMIENTO de fichas llega aún más allá. Se trata de prolongar hasta el paroxismo la actual composición del CGPJ, ligado a sus tesis políticas y al acoso y derribo del Gobierno Zapatero, e impedir el cambio en la relación de fuerzas de la Sala del 61 del Supremo, que es la encargada de decidir sobre la ilegalidad o no de las formaciones de la izquierda abertzale. Es decir, el PP está perpetuando irresponsable y egoístamente la situación transitoria del Poder Judicial para incrementar su peligrosa estrategia de tensionamiento, estrategia a la que se han abonado determinadas figuras clave de la judicatura española. EL NUEVO MINISTRO de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, dijo en su estreno parlamentario que el CGPJ, en su composición actual, es legal, pero no legítimo. Y esa ausencia de legitimidad debería llevar a sus actuales miembros a actuar con un mínimo de honestidad personal y dignidad democrática, evitando tomar decisiones para las que hace tiempo que no están habilitados y exigiendo un acuerdo entre los partidos para su relevo inmediato.
Economía del cemento
ES DE SOBRA CONOCIDO QUE buena parte del boyante sistema económico español está basado en algo paradójicamente tan inestable como el ladrillo. A nadie se le escapa que basar el crecimiento económico en la construcción es una especie de huida hacia adelante que obliga a seguir pedaleando porque dejar de hacerlo nos lleva de manera inexorable a dar con nuestros huesos en el suelo. La tan comentada burbuja inmobiliaria es, así, un balón de oxígeno que sostiene otras debilidades cada vez más a la vista. Para los miopes, ahí están casos como el de Reckitt, o el último de Delphi en la bahía de Cádiz. Mientras las deslocalizaciones pongan de manifiesto la dependencia de las multinacionales y la debilidad del tejido industrial no se corrija, el Estado español seguirá ostentando el dudoso honor de ser el quinto país mayor consumidor de cemento del mundo y el primero de la UE, con mucha ventaja sobre el segundo. Y la progresión es imparable. En el mes de enero se ha consumido un 13,3% más de este material que en el mismo mes del pasado año, ejercicio en el que se construyeron 800.000 viviendas, más de lo levantado en Alemania, Francia e Italia juntas en igual periodo. Pero no es lo mismo disfrutar de una economía sólida como el cemento que tener una economía basada en su consumo. |
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